Por Daniela Morano
22 noviembre, 2018

Los cetáceos en cautiverio se estresan tanto que pueden morir en un par de días. “No es una opinión o emoción, es un hecho”, dice la científica Naomi Rose.

Los animales que más están sufriendo debido a la contaminación y la crueldad del ser humano son los animales marinos. Su hábitat natural es alterado de maneras inconcebibles y no sólo es culpa de la basura, sino que también de la industria pescadora y los zoológicos que insisten en alejarlos de sus familias.

Esta semana la noticia de que cien ballenas viven encarceladas en el mar dejó a todos impactados. Un dron capturó imágenes de estos cetáceos en enormes contenedores, similares a jaulas, en la costa rusa del océano Pacífico, cerca de la ciudad de Nakhodka.

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Según la organización Whale and Dolphin Conservation este es el caso más dramático que han visto. Nunca antes habían descubierto a tantas ballenas privadas de libertad, sin siquiera saber el motivo de su encierro. Creen que son encerrados para ser vendidos a parques temáticos en China o posiblemente como alimento.

En China hay más de 60 parques marinos y actualmente 12 más de ellos están en construcción, y aunque la compra y venta de cetáceos es ilegal, se salen con las suyas. En aguas internacionales es difícil que se acaten estas leyes y de ser acusados no enfrentan cargos pues la legalidad de cada pedazo de mar corresponde a distintos países.

Activistas de Greenpeace han dicho que esto se trata de tortura. Y que, guiándose por el tamaño de las jaulas, muchas de ellas podrían ser crías.

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Oficiales están investigando el caso para confirmar si se trata de venta ilegal o de ballenas que serán utilizadas con fines científicos. El problema está en que se les permite tener una cierta cantidad de ejemplares de este animal para estudios, y de acuerdo a la cantidad capturada por el drone, se habrían sobrepasado en al menos 13 ballenas de ser así.

En un video, se ve cómo una grúa levanta a una y la lleva a un destino desconocido.

“Las jaulas no son muy grandes… Diría que no más de 9-10 metros de lado, y quizás no más de 3-4 metros de profundidad”, dijo Naomi Rose, científica de animales marinos del Instituto Animal Welfare. “Si se quedan ahí todo el invierno, podría formarse hielo encima y tendrían que romperlo para respirar”.

“El trauma y estrés que sienten estos animales en cautiverio no es una opinión o emoción, es un hecho”, continuó Rose. “Sufren de mucho estrés y pueden morir ahí mismo o durante un traslado, no se acostumbran al proceso”.

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Esperemos que pronto se sepa algo más al respecto.

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