Por Romina Bevilacqua
22 octubre, 2014

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Cuando el nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México esté listo, en cuatro años más (para 2018), será uno de los más grandes del mundo, extendiéndose por más de medio millón de metros cuadrados. También será el más sustentable que se haya construido hasta el momento. 

En lugar de los típicos terminales que parecen bodegas, este aeropuerto usará una estructura gigante envuelta en una especie de capa que permite pasar la luz y aire natural, recolecta el agua de lluvia y es una increíble vista para los aviones que sobrevuelan la ciudad.

El amplio recinto será luminoso, incorporando grandes áreas de paneles opacos y otros traslúcidos, reflectores de luz y paneles fotovoltaicos”, explica el arquitecto Piers Heath de Foster and Partners, quien se asoció al diseñador Fernando Romero para crear este aeropuerto. “La idea es proveer de sombra y aislamiento térmico, al mismo tiempo que se permite la vista hacia el exterior y también  difuminar la luz natural para que entre al terminal. De este modo, se reduce la necesidad de luz artificial”, agrega.

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Ciertos edificios en los alrededores tendrán aún más paneles solares, los que proveerán de 50 megawatts de energía, lo suficiente como para suministrar a gran parte del aeropuerto. La edificación también tendrá su propia central de energía sustentable.

En la idea original, el gobierno mexicano requería dos terminales separados, pero los diseñadores lograron condensar todo en un gran espacio. De cierta forma, su meta era evitar los típicos trenes que hay entre terminales, que habrían sido difíciles de construir en este sitio. Los pasajeros podrán caminar fácilmente entre las puertas de embarque, hacer conexiones más fácilmente y ahorrar energía.

El aeropuerto, que comenzará su construcción el próximo 2015, tiene una lista de otras características sustentables, muchas de ellas son innovaciones para el diseño de aeropuertos en general. La mayoría de las veces, esta edificación no utilizará aire acondicionado y aprovechará la gran elevación de Ciudad de México para absorber aire fresco del exterior. El aeropuerto también reciclará y tratará su propia agua. Además, será diseñado y construido con bajo consumo energético y con materiales prefabricados localmente que pueden ensamblarse fácilmente.

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Es importante considerar el legado que dejará este aeropuerto, ya que actuará como una prueba para la innovación en general: Su adaptación en la ciudad, el desarrollo para la aviación y tecnología que cambiarán el futuro”, dice Heath.

El equipo de diseño espera inspirar a que otras ciudades reevalúen sus aeropuertos. “Si bien estamos aprovechando el clima único que tiene la Ciudad de México, hay muchas tecnologías que esperamos puedan influenciar e inspirar el futuro del diseño de aeropuertos”, cuenta Heath.

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