Por Lucas Rodríguez
7 enero, 2019

Creían que no volvería a caminar, pero les demostró lo contrario.

Sarper Duman, un pianista y rescatista de animales que vive en Estambul, Turquía, caminaba por las calles de su ciudad cuando notó una escena trágica: un gatito maullaba, rogando porque alguien lo ayudará. Duman siguió los maullidos hasta dar con el animal, que resultó ser un minúsculo gatito accidentado: el golpe de un auto le había inutilizado sus piernas, por lo que se arrastraba. 

En el veterinario, el gatito recibió un pésimo pronóstico: sus piernas estaban tan dañadas, que no podían intervenirlas antes de que superara la fase crítica de sanado por sí mismas. A pesar de esto, Duman describió la voluntad del gato como llena de vitalidad y deseo por seguir viviendo. 

Por los primeros cinco días, los veterinarios le recetaron solo calmantes, teniendo que dejar en manos del sistema nervioso del gato ls primeras etapas de su recuperación. Frente a esto, Serper Duman optó por llevarse al gatito a su casa, donde creía que lo iba a poder vigilar más de cerca.

Una vez que recibió un buen primer diagnóstico, el gatito pudo ser operado. Sus dos piernas traseras estaban fracturadas, junto con su pierna delantera derecha, que también estaba rota. Al día siguiente de su intervención, Duman fue a visitar al gato, quien se le acercó como pudo apenas notó que se trataba de él. 

Los veterinarios le dijeron que a pesar de la operación, era muy probable que el gato no volviera a caminar. Duman optó por adoptarlo de todas maneras. Una vez en su casa, comenzó a cuidar de su nueva mascota, ayudándolo a dar sus nuevos primeros pasos, junto con llevarlo a kinesioterapia y otros tratamientos. 

El gatito fue mejorando poco a poco, hasta que finalmente logró caminar por sí mismo. Dos meses después de su accidente, las heridas ya parecen ser parte del pasado ya que el gatito que alguna vez tuvo que arrastrarse para pedir ayuda, ahora salta, juega y hace todo lo que el resto de los gatos pueden hacer. 

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Una de las características que más destaca a Estambul es la cantidad de gatos que habitan sus calles, al punto de que ha sido llamada “la ciudad de los gatos”. Al tratarse de una ancestral ciudad-puerto islámica, los gatos siempre fueron bien recibidas por su capacidad para hacerse cargo de los ratones, además de tener un prestigio especial en cuanto el profeta Mahoma contaba con dos gatos como mascota.

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