Por Antonio Rosselot
1 diciembre, 2020

Desde que fue trasladado desde un deprimente zoo en Pakistán a un santuario de elefantes en Camboya, la vida de Kaavan cambió radicalmente: ahora se revuelca en el lodo, juega con los columpios y bromea con Di Poh, su nuevo amigo paquidermo.

Hace unas semanas les contábamos de Kaavan, un elefante que vivía en un zoológico en Pakistán y que era considerado como “el elefante más solitario del mundo”, llevando 35 años encerrado y 8 de ellos en plena soledad.

AFP

Su estado preocupaba a varios, ya que estaba visiblemente deprimido y era muy agresivo con sus cuidadores. Finalmente, la presión de organizaciones animalistas hizo que Kaavan fuese trasladado a un santuario de elefantes en Camboya, donde podría convivir con otros de su especie en muchas mejores condiciones y así no sentirse tan solo.

Su llegada a Camboya no podría haber sido mejor, según reporta el Daily Mail. Un video lo muestra conociendo a Di Poh, otro elefante del santuario, con el que supo relacionarse de buena manera desde un comienzo; es su primer amigo en mucho tiempo.

Four Paws / AFP

“Primer contacto con un elefante en ocho años; este es un momento muy importante para Kaavan. Finalmente tendrá la chance de vivir una vida tranquila y cercana a su especie. Tiene un gran futuro por delante”.

—Martin Bauer, vocero de la organización animalista Four Paws, al Daily Mail

Además, los funcionarios del Kulen Promtep Wildlife Sanctuary dicen que Kaavan se ha acostumbrado muy bien al entorno, siendo visto jugando con el columpio y cubriéndose en tierra y barro.

EPA

Por otra parte cuentan que los elefantes del santuario también deberán acostumbrarse a Kaavan, ya que aún le tienen un poco de susto por su gran tamaño, especialmente las tres ejemplares hembra.

Y mientras el elefante disfruta su nueva vida lejos del encierro y la soledad, el zoológico que lo albergó en Pakistán está corriendo una suerte totalmente distinta: pronto será clausurado debido a su pobre infraestructura y condiciones.

AFP

Qué irónica es la vida, ¿no?

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