Por Romina Bevilacqua
23 octubre, 2015

Los científicos están preocupados por lo que podría pasar

Desde que se formó este extraño orificio en la superficie de la península de Yamal en Siberia en 2014, la región rusa ha llamado la atención de los medios por una seguidilla de otros descubrimientos extraordinarios en la zona. Luego de que se formara este gigantesco cráter de más de 80 metros de ancho, los satélites revelaron la aparición de otros 20 pequeños cráteres alrededor del primer gran orificio, pero ahora la noticia es otra.

El gran cráter se ha llenado de agua rápidamente convirtiéndose en una especie de lago, y con ello ha aumentado su tamaño.

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Ahora cuenta con 50 metros más de profundidad. Durante el invierno y primaveras pasado, el hoyo se llenó de nieve y las posteriores lluvias terminaron de rellenar el orificio de agua y se cree que seguirá aumentando el nivel de agua. ¿El problema? Los científicos han logrado bajar sensores hasta su base y los resultados sugieren que éste podría colapsar.

“En términos generales (el colapso) será bastante extremo”, señaló Vladimir Pushkaryov, el líder del Centro de Exploración en el Ártico Ruso, a un canal de televisión local. “En primera instancia, todo lo que allí hay es sedimento que va cediendo, al igual que arcilla que continúa cayendo”, agregó. 

A esto se suma que el origen de estos cráteres continúa siendo un misterio.

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Las teorías de su existencia han variado desde la presencia de actividad extraterrestre, hasta la explosiones de gases como metano, que hicieron que el terreno cediera. Sin embargo la teoría más reciente sugiere que estos cráteres podrían ser en realidad, resultado del calentamiento global. Según los científicos, puede que varias rocas en el sector hayan sido expulsadas con fuerza hacia arriba cuando el metano albergado en las capas de permafrost fue inesperadamente liberado debido a la existencia de mayores temperaturas en la región, en la media en la que estas altas temperaturas comenzaron a derretir los pingos –una especie de tapón de hielo que se forma en la superficie con el tiempo y tiene una especie de montículo–. Ya que estos pingos, al estar sobre el permafrost, mantenían el metano bajo presión gracias a su peso –definitivamente es un escenario menos dramático que la gran explosión de metano o los OVNIS–.

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“Estas colinas, que pueden alcanzar diámetros de hasta 2 kilómetros y una altura de decenas de metros, se ven bastante exóticos en las planicies de la tundra. Gradualmente estos objetos se desintegran a altas temperaturas y forman cráteres. Sin embargo, hace un año, basándonos en la formación del crater de Yamal, aprendimos que ellas incluso pueden explotar”, señaló Vasily Bogoyavlensky, director del Instituto de Investigación de Gas y Petróleo con base en Moscú, y advirtió que se debería investigar este fenómeno lo antes posible para prevenir posibles desastres.

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