Por Romina Bevilacqua
29 octubre, 2014

Imagina vivir en un país donde puedes tener la libertad para cultivar tu propia tierra, libre de impuestos y sin que el gobierno interfiera, con el propósito de estimular la soberanía individual y las comunidades fuertes y saludables. Ahora imagina que en este mismo país, la mayoría de tus vecinos también cultivan su propia tierra al ser parte de una gran comunidad de ‘eco-villas’, las cuales son independientes, descentralizadas y se proveen de alimentos a sí mismas. Imagina que, al mismo tiempo, estas villas pueden proveer suficiente comida como para alimentar al país entero.

¿Suena como algo utópico? Puede ser, pero esto ya existe. Es el modelo agrícola de Rusia. Sucede que este modelo prospera gracias a los millones de granjas a pequeña escala, operadas por sus propias familias y cultivadas de manera orgánica y que producen la gran mayoría de la comida que es consumida a lo largo del país.

Distanciándose de los sistema agrícolas comunes que no son sustentables, son industrializados y dependen de químicos, el sistema Ruso es dirigido por y para el la gente. Gracias a las políticas gubernamentales que fomentan la agricultura autónoma y familiar, la gran mayoría de los rusos son capaces de cultivar su propia comida en parcelas de propiedad privada conocidas como ‘dachas’.

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Según The Bovine la ley de lotes de tierra de Rusia, que fue reactivada en 2003, le permite a todos los ciudadanos rusos ser dueños de un lote de tierra, que puede ir desde 0.8 a 2.7 hectáreas, libre de impuestos. Cada pedazo de tierra puede ser utilizado para cultivar comida o simplemente para ir de vacaciones y relajarse sin que el gobierno interfiera. El resultado de este esfuerzo ha sido increíble, generando que las familias rusas cultiven de manera colectiva, prácticamente toda la comida que necesitan.

«Lo que los agricultores rusos hacen es, en el fondo, demostrarle a otros agricultores que es posible alimentar al mundo y que no necesitan ningún tipo de tecnología, granjas industriales o alimentos genéticamente modificados para asegurarse que todos tengan suficiente comida para comer», escribe Leonid Sharashkin, editor de la versión inglesa de las series de libros The Ringing Cedars, una colección que explica la historia tras el esfuerzo de volver a conectar a las personas con la tierra y la naturaleza.

En Rusia la mayor parte de la comida proviene de los jardines de las personas

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En 1999, se estimaba que existían 35 millones de lotes de tierras a lo largo de Rusia, los cuales eran operados por 105 millones de personas, es decir, el 71% de la población nacional de entonces. Estas personas producían el 50% de los suministros de leche del país, 60% de la carne, 87% de las frutas, 77% de los vegetales y un increíble 92% del suministro nacional de papas. En otras palabras, el ciudadano ruso promedio se encuentra totalmente empoderado a través de este modelo para cultivar su propia comida y suplir las necesidades de su familia y la comunidad local.

«Es importante recordar que Rusia tiene sólo 110 días de temporada de crecimiento cada año, por lo que en Estados Unidos el resultado de los agricultores podría ser mucho más grande. Sin embargo, hoy en día las áreas con césped en Estados Unidos son dos veces más grande que las áreas que ocupan los jardines en Rusia y lo que producen es nada más que una industria multimillonaria de mantención de jardines», agrega Leonid Sharashkin.

El modelo agrícola ruso es tan efectivo que su resultado representa más del 50% de la agricultura nacional. En 2011 el 51% de los alimentos en Rusia fueron cultivados en ‘dachas’ o jardines caseros (40%) y campesinos (11%) y el restante 49% por las empresas de producción agrícola industrializadas. 

Basado en cifras del 2004, el valor colectivo de lo que se produce en estos jardines de cultivo es de USD$14 billones, es decir 2.3% del PIB de Rusia. Dicho número continua al alza a medida que más ciudadanos se unen al movimiento eco-villa.

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