Por Romina Bevilacqua
9 febrero, 2016

Es impresionante la conexión que logran algunos animales, sin importar que pertenezcan a diferentes especies.

Cuando un gran árbol cayó en su jardín, Abbey salió a verificar que todo estuviese en orden y allí, tirada en el suelo, encontró a una pequeña ardilla recién nacida que aún no había abierto los ojos. Pensó que su madre podría estar cerca así que decidió no tocarla y dejarla allí para no interferir en el curso de la naturaleza. El problema fue que al día siguiente, cuando fue a corroborar si la ardilla se encontraba a salvo, vio que aún seguía allí, en el mismo lugar, indefensa y vulnerable ante cualquier amenaza. Todo parecía indicar que su madre no la había encontrado, o simplemente había perdido la vida. Fue entonces que decidió que cuidaría de ella hasta que estuviese más fuerte y fuese capaz de valérselas por sí misma.

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Una vez que la llevó dentro de casa, Millie, la perrita labrador de Abbey, se interesó inmediatamente en la pequeña. Abbey comenzó a alimentarla y pronto la ardilla abrió los ojos y comenzó a ser más activa. La llamó «Squirrel» (ardilla) y vio cómo su perrita jugaba con ella en el jardín a diario, teniendo especial cuidado de no hacerle daño.

La ardilla perseguía a Millie a todos lados, como si supiera que ella la cuidaría. ¡Sólo míralas jugar!

httpv://youtu.be/Ate_h0NuK6s

Abbey cuenta que ninguna de las dos ha salido herida en estos juegos, y que la ardilla se encuentra mucho mejor a una semana de haberla encontrado. Pero está consciente de que las ardillas no están destinadas a ser mascotas así que planea liberarla.

Sólo espero que antes de intentar liberarla a su ambiente salvaje, consulte con algún experto en fauna silvestre ya que puede que esa pequeña no tenga las habilidades necesarias para vivir por su cuenta, ya que no tuvo una madre que le enseñara lo necesario. 

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