Por Catalina Vásquez
13 marzo, 2015

¿Es mi idea o el mundo está cada día más extraño?

En el sudoeste de Marruecos las cabras suben a los árboles. Y no me refiero a un par de rebeldes que se suben a los troncos, sino que toda la manada se sube hasta las copas. Los árboles en cuestión son Argania spinosa o mejor conocido como Argán. Una especie endémica de Marruecos y una pequeña región al oeste de Algeria. Las cabras como por costumbre, trepan cada año en el mes de junio, para obtener sus frutos. Y pareciera, no tienen problemas en subir más de 10 metros o ubicarse sobre delgadas ramas que crujen bajo su peso, con tal de llegar a la mejor fiesta gastronómica que se pueda esperar.

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La pequeña fruta del argán, tiene una gruesa piel y pulpa que cubre una especie de almendra. Cuando una cabra come la fruta, digiere la almendra y eventualmente la elimina en su excremento. Este acto natural, da origen a una antigua tradición. Donde los indígenas Berber recolectan las almendras que botan las cabras, las abren golpeándolas con piedras y asan la semilla que hay dentro. De este proceso se obtiene el preciado extracto de aceite de argán, una excelente fuente de ácidos grasos y vitamina E, que ha sido usado por los locales en tratamientos de piel y como ingrediente culinario.

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En la última década, este aceite se ha transformado en un producto de belleza de culto, dentro de Estados Unidos y el mundo en general. Una botella de 50 gramos de aceite de una marca reconocida por ejemplo, tienen un valor de 48 dólares. Todo este proceso de producción no involucra excremento de cabra por supuesto, pero sí, la cooperación de mujeres del sudoeste de Marruecos, que recolectan el fruto de los árboles.

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Visto en Slate

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