Por Gustavo Aldunate
21 febrero, 2020

Se trata de una “rara”, que tal como dice su nombre, es un pájaro bastante peculiar de Chile. Tanto como su tranquilidad ante mi compañía y su huida sin despedida después.

En Latinoamérica hay una variedad de aves que el observarlas, realmente es una actividad fascinante y agradable para nuestros ojos. Y Chile es un país que no se queda atrás, teniendo por ejemplo al mismo cóndor, como una de sus aves nacionales y una de las endémicas de Sudamérica. Su tamaño, sus alas y su elegancia en el vuelo, realmente es un escenario provocador.

Juan Tassara

Pero no así lo es encontrarse un ave herida, y en la calle. Un escenario con el que me encontré, que lamentablemente tiende a repetirse por la depredación de su hábitat natural y la obligación de tener que venirse a vivir a las grandes ciudades. Corriendo el riesgo de herirse y ser atropellada en una avenida o ser capturada por un gato doméstico del vecindario.

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Para muchos animales y seres vivos, las grandes ciudades son un foco de peligro para ellos. Y con este pequeño pajarito no era la excepción. Siendo su especie, una nativa de mi país y de la Argentina. Se trata de la “rara”, conocida por su pecho inflado y emplumado, y por su particular canto.

Juan Tassara

Se encuentran desde la región de Atacama hasta en Magallanes, las que sin ser abundantes, se pueden llegar observar en zonas arbustivas y agrícolas, además de lamentablemente en ciudades, debido a su ya mencionado y casi erradicado, hábitat natural.

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Son pequeñas, no llegan a crecer más 20 cms. Siendo la que me encontré, un ejemplar que era poco mayor a un polluelo. Tenía una herida en la cabeza y estaba mareada en la calle. Mi primera reacción era ver si se las podía arreglar por sí misma, pero viendo que no era así, la tomé con cuidado y la llevé a mi hogar. 

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En mi pieza, y aprovechándose que aflojé en el agarre, se soltó y empezó a volar por todo el cuarto. Atolondrada y buscando esconderse en donde pudiera. Posteriormente me asesoré con amigos que sabían más de aves y ellos me ayudaron a cuidarla toda la noche. Conversa que se dio cuando la había vuelto a agarrar y la tenía encima mío mientras era asesorado por mis conocidos.

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Es en ese momento, en el que se empieza a calmar. De manera cuidadosa y realizándole suaves caricias, esta ave empezó a entrar en confianza. Hasta que me atreví a soltarla y se quedó tranquila, sin un fuerte latir (como tenía antes) en el pecho. Le acariciaba con un dedo mientras escuchaba como cuidarla de la mejor manera.

Agarré un canasto de ropa, le puse mi camisa ya usada, un pote con agua, un insecto pequeño y después a ella misma. Se acomodó rápidamente. Puse una tapa y apagué las luces. Se calmó. Después de un tiempo volví a verla, y estaba bien, como esperaba y quería que estuviera. Me dormí, mañana temprano tenía que ir al trabajo.

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Llamé temprano a mi jefe contándole la situación, él entendió, y me dejó llevarla a mi oficina. Pero en el camino, el canasto empezó a chorrear líquido. Pensé que ella me había orinado, pero era agua, se me había olvidado sacarla. Abro un poco la tapa y… se escapó. Se había mejorado, y estar encerradas no va con las aves. Huyó hacia su libertad sin mirar atrás.

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