Por Juan David Montes
28 abril, 2016

Y 93% de los corales han perdido su color.

Ante el estrés provocado por la contaminación y el calentamiento global, los corales liberan las microalgas que les otorgan sus llamativos colores. Sin microalgas, los corales se tornan blancos y esta es una señal de que las cosas andan muy mal. Esto no quiere decir que todo esté perdido: si la fuente de su estrés desaparece, es posible que recuperen su esplendor cromático.

Ove Hoegh-Guldeberg, profesor de la Universidad de Queensland (Australia), ha estudiado muy de cerca los corales durante los últimos 30 años y sus hallazgos alertan sobre lo peligroso que es el blanqueamiento de esta especie:

«Los simbiontes (o sea, las microalgas) son cruciales para los corales, pues otorgan 90% de la energía que obtienen de la luz solar a su anfitrión (es decir, el coral). Sin su principal fuente de alimento, el coral es desplazado por otros organismos». (Vía I Fucking Love Science)

Si este blanqueamiento ocurre por un tiempo prolongado, los corales son invadidos por otras especies que conforman ecosistemas menos productivos y, una vez establecidos, serán difíciles de desplazar.

Y los corales terminan por tomar un color marrón, que indica su muerte.

Hoegh-Guldeberg indica que desde una vista aérea 93% de los corales lucen blancos y en exploraciones acuáticas se ha encontrado que más de la mitad están muertos.

La gravedad del asunto varía dependiendo de las temperaturas, con los peores escenarios en los arrecifes costeros, donde el agua se ha estancado.

Aunque la llegada del invierno al hemisferio sur puede ser un alivio para la situación, puede ser muy tarde para rescatar la Gran Barrera, que ha experimentado muertes de corales incluso en lugares donde se pensaba que estarían a salvo de las altas temperaturas.

Hoegh-Guldeberg ha usado telas que ofrecen sombra y ha sugerido la reubicación de los corales; sin embargo, la verdadera solución depende de la reducción en nuestras emisiones de carbono.

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