Se hace con las heces de la civeta, un mamífero desprotegido del sudeste asiático.

¿Has oído hablar del café de civeta? Se trata de un producto de lujo, creado en algunos países como Tailandia, que se obtiene a partir de las heces de la civeta, un felino carnívoro.

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Lo increíble es que se trata del café más caro del mundo, en el mercado su costo puede superar los 500 dólares por kilo. Las bayas son ingeridas por el animal, pasan por su tracto digestivo y luego son defecadas. Este proceso aporta a los granos de café unas características únicas. Puede sonarte repulsivo, pero lo entendidos dicen que es delicioso.

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Si las heces fueran recolectadas no habría problema, la polémica comienza cuando nos enteramos de que las civetas se encuentran enjauladas y mal alimentadas. En Indonesia, por ejemplo, hay pueblos enteros dedicados a este oficio, donde cada familia tiene enjaulados entre 10 y 20 animales.

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Las civetas, viviendo en estas terribles condiciones, se ven obligadas a consumir en un mes los granos de café que comerían en un año si vivieran en su ambiente salvaje. Las mantienen hacinadas en jaulas muy pequeñas y separadas de otros animales.

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Ashley Fruno, activista de la organización Personas por el Trato Ético de los Animales, asegura que como resultado de este trato, los animales desarrollan deficiencias nutricionales y pierden parte de su pelaje, se enferman y, en general, su salud se encuentra deteriorada.

Y las leyes en los países que producen café de civeta, no protegen a los animales o son engorrosas a la hora de ser aplicadas. La mayoría de las civetas son capturadas de manera ilegal y mantenerlas cautivas desarrolla en ellas comportamientos erráticos, neuróticos y, por supuesto, depresión. Muchas veces mueren en estas terribles condiciones.

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Algunos captores señalan que, luego de tres años de cautiverio, liberan a las civetas. Pero nadie asegura que estos animales liberados prosperen al volver a su ambiente natural, es probable que hayan perdido sus capacidades originales.

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Sin embargo, hay granjeros que se defienden, como Daryad Hadi, en Sumatra: «Las civetas no son dañadas en nuestras instalaciones. Todos los animales reciben alimentos nutritivos, incluida fruta. Nunca las forzamos a comer bayas de café. Ellas solo comen los granos tras haber disfrutado de una comida adecuada».

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