Por Vicente Quijada
22 octubre, 2018

La perrita fue la mejor madre esa noche.

Era una muy fría madrugada, en la localidad de Virrey del Pino, en Buenos Aires, Argentina. Uno de los hijos de la familia Reinoso sintió un extraño ruido, como el llanto de un niño. Empujado por la curiosidad, fue en busca del origen, y encontró a la perra de la familia, «Puti», acurrucada con sus cachorros nacidos hace un par de días. Pero no sólo habían pequeños canes. Entre pelos y suciedad, se encontraba el pequeño Santino, un bebé humano.

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¿Pero cómo llegó un pequeño niño a la cuna de una perrita?

Para ello, debemos remontarnos a la noche anterior. La madre de Santino, una mujer de 33 años, pasó por la casa de los Reinoso y habló con Alejandra, la madre. Le pidió si podía cuidar de su hijo, pero Alejandra no podía, por lo que cerró la puerta pensando que la madre encontraría otra persona que se hiciera cargo del bebé. Pero no.

Si bien es incierto, lo más probable es que la irresponsable mujer haya dejado al niño a la intemperie, en una noche muy fría en la ciudad argentina, dejándolo a su suerte con bajas posibilidades de sobrevivir. Y es ahí donde aparece la heroína, «Puti». La perrita, conmovida por el instinto maternal que le otorga haber parido hace poco, acogió a Santino, y junto a sus cachorros, lo protegieron de las inclemencias de la noche.

Al otro día, cuando el pequeño ya estaba en manos de la familia Reinoso, fue bañado -tenía olor a alcohol y suciedad-, alimentado y entregado a las autoridades correspondientes. En tanto, la madre irresponsable fue detenida y encarcelada por su irresponsabilidad.

La otra madre, la buena, la canina, fue premiada con cariños, mientras ella, con la tarea hecha, seguía cuidando incansablemente a sus cachorros.

La entrevista a Alejandra, la dueña de «Puti».

El amor animal, en particular cuando proviene de nuestros amigos caninos, puede ser sorprendente, y mostrar incluso más compasión que nosotros los humanos. La perrita «Puti» es un claro ejemplo de ello.

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