Por Moisés Valenzuela
3 diciembre, 2018

Con su pata, que era casi del porte del pequeño caparazón, hizo que se detuviera. Después atacó.

Siempre que miramos la selva y los animales salvajes, pensamos inmediatamente en aquellos más fuertes, grandes y con un instinto depredador. Ellos se llevan todas las miradas.

Sin embargo, deberíamos fijarnos también en los pequeños. A veces, solemos subestimarlos, sin pensar que también tienen algo que decir.

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En un video recientemente difundido en Youtube, queda claro que la inteligencia supera la fuerza: una hambrienta leona permanecía recostada en medio de un campo, cuando frente a ella, de pronto, una indefensa tortuga caminaba. 

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La leona no dudó en acercarse a su presa. Parecía apetitosa y era una oportunidad que no podía dejar pasar. Otros animales estaban expectantes, era un momento de mucha tensión.

Con su pata, que era casi del porte del pequeño caparazón, hizo que se detuviera. Sin dejarla escapar, la felina comenzó a morderla.

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Tras varios intentos, comenzó a notar que su estrategia no estaba dando resultado: la inteligente tortuga había confiado en la resistencia de su cuerpo y se escondió. Primero su cabeza, luego sus patas. Se convirtió en una verdadera fortaleza en miniatura.

Al poco tiempo, la depredadora no tuvo otra opción que rendirse. Nuevamente recostada en el pasto, vio cómo su presa se marchaba, sin ningún rasguño.

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Finalmente, la resignada leona se devolvió y dejó que la tortuga avanzara y continuara su camino. Ésta caminó un poco y logro encontrar una pequeña laguna donde se zambulló. Ahí, lejos de todo peligro, estaría completamente segura.

Pero sin duda volverá a salir: conoce perfectamente cómo eludir los ataques y cómo protegerse de sus depredadores. Sí, lo hace a la perfección, aunque sólo alcanza el tamaño de una de sus patas.

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