Por Romina Bevilacqua
15 Noviembre, 2014

Cada vez somos más los que piensan conscientemente en la basura que generamos. Reciclamos los Tetra Pak, las botellas plásticas o reutilizamos todo lo que podemos. Sin embargo cuando leí este testimonio en Facebook en la página de TriCiclos, una empresa chilena que motiva el cambio hacia la sostenibilidad y fomenta hábitos sustentables, me di cuenta de que todavía hay más cambios que podemos hacer en nuestra rutina diaria y modelos de consumo que muchas veces no tomamos en cuenta porque no tenemos presente lo que esta mujer me enseñó: La basura es un error de diseño.

Este es el mensaje que Belén escribió:

“Dos años atrás me mudé a un departamento con mi hijo Rafael y decidí que en esta nueva etapa incorporaría como hábito el reciclaje y la separación domiciliaria. Así que me propuse a ir el último domingo de cada mes al punto limpio de TriCiclos –un punto de reciclaje– ubicado en Homecenter –una tienda de materiales de construcción–.

Cada uno de los primeros tres meses llevé al punto limpio el volumen equivalente a una lavadora mediana. Entonces me dije “No es posible que botes tanta basura”. Cuando sentía con orgullo que ya había incorporado el hábito de separar mis residuos, coincidió que en mi trabajo organizamos un encuentro donde participaría Gonzalo Muñoz, cofundador de Triciclos. Lo invité a tomar algo en la espera y sorprendida vi cómo tomó una caja de té que estaba sellada, la abrió y me dijo: “¿Crees que sea necesario uno (sacando el plástico de la caja), dos (señalando la caja de cartón), tres (sacando el sobre del té) envases para tomarse un té? Eso sin contar el hilo, la bolsa y la etiqueta”. Luego observé que guardaba esos envoltorios en su chaqueta.

Más tarde me explicaría que era usual que cargara con los reciclables hasta que encontrara un punto limpio donde disponerlos. De esta hermosa conversación, desprendí un nuevo aprendizaje: Belén, el packing es parte del producto y te tendrás que hacer cargo de él.

Entonces comencé a preferir productos con menos cajas y elegir comprar a granel. Los operarios de Triciclos me enseñaron además que el PVC y los envases de yogurt no se reciclan. Así que comencé a buscar alternativas a los productos que ya consumía. Por ejemplo:

1. Cambié las cajitas de té con sabor de 20 unidades por la bolsa de medio kilo de té en hoja

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2. Cambié el exfoliante que compraba en el supermercado por miel mezclada con azúcar

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3. Cambié los vasitos de yoghurt por la bolsa de un litro

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4. Al comenzar el 2014 me puse un poco más exigente y me propuse ir sólo 2 veces al año a reciclar

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En todo el primer semestre 2014, separé un volumen similar a lo que separaba en un mes el 2013. Para este semestre, luego de tres meses, recién llevo 2 bolsas de las más pequeñas que dan en una multitienda.

Al margen del ahorro que ha significado el cambio de estilo de consumo, han sido casi dos años de aprendizaje también para ambos. Me emociona y orgullece ver cómo Rafael , mi hijo, separa ya sus descartes con sólo dos años y medio. Yo por mi parte sé que no se trata de reciclar o separar; se trata de consumir conscientemente.

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