Por Romina Bevilacqua
16 diciembre, 2014
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El tinamú mayor o gran perdiz.

Con forma de pequeñas avestruces, los tinamúes también conocidos como perdices (esto debido a su similitud física con las perdices españolas, pero pertenecen a diferentes familias) son aves bien camufladas de colores grises que ponen algunos de los huevos más llamativos a la vista: sus cáscaras brillan como el reflejo luminoso de un espejo bien pulido. Y eso no es todo. Las hembras de una especie de tinamúes en particular ponen huevos que cambian de color dependiendo del ángulo en el que se les mire. Esta es la primera vez que investigadores han documentado iridiscencia en una cáscara de huevo de ave. Los descubrimientos fueron publicados en el Journal of the Royal Society Interface esta semana.

A pesar de la colorida variedad de huevos de aves encontrados en la naturaleza, en general son solo dos los pigmentos que contribuyen en la mayor parte de su aspecto visual. El tinamú mayor (o gran perdiz) sin embargo, tiene un truco adicional: pone huevos que cambian de color. Para entender el mecanismo responsable de estos efectos ópticos, un equipo liderado por Branislav Igic de la Universidad de Akron obtuvo huevos incubados de cuatro especies diferentes de perdices (por orden): huevos azules de la gran perdiz (a), huevos verdes de la elegante perdiz con cresta (b), huevos cafés de la perdiz chilena y huevos café oscuro del tinamú manchado (c). En comparación, también examinaron los huevos de color azulado mate de la gallina araucana.

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Usando un poco de presión, el equipo fragmentó las cáscaras de huevo y después midió su brillo e iridiscencia, condujo un escáner de microscopía electrónica de la superficie topográfica y examinó la capa de protección de la cutícula usando análisis químicos. Y lo que encontraron fue que el brillo de los huevos, es producido por una delgada y extremadamente suave cutícula hecha de carbonato de calcio, fosfato de calcio y probablemente una mezcla de compuestos orgánicos, tales como proteínas.

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Además, el equipo también documentó la débil presencia de iridiscencia natural en los huevos de la gran perdiz (Tinamú mayor), también conocida como la gallina de montaña. El color que percibieron cambia dependiendo del ángulo de observación y la iluminación. Hasta ahora, este efecto óptico no había sido documentado nunca en relación a huevos de aves. Los descubrimientos destacan el rol de nano estructuras en la modelación de la apariencia de las cascaras de huevos –el color no se debe únicamente a los pigmentos–.

Pero, ¿por qué un ave tan modesta pone huevos así de brillantes y llamativos que facilitan la probabilidad de ser vistos por depredadores? Los investigadores sospechan que tiene relación con el sistema de apareamiento de la perdiz. Múltiples hembras ponen sus huevos en el mismo nido, que después es incubado por un solo macho. Debido a que el brillo y el color se desvanecen en el proceso de incubación, esto puede ser una señal usada por las hembras para determinar la edad de los nidos –y así evitar poner huevos en aquellos donde la incubación ya haya comenzado.

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Huevos brillantes también pueden servir para chantajear a los machos, forzándolos a ser más atentos al ocultar los llamativos huevos de depredadores. En comparación con otras aves, las perdices macho tienen extraordinariamente altas tasas de asistencia en el proceso de incubación. De manera alternativa, el brillo y la iridiscencia puede ser un subproducto del mecanismo que protege a los embriones en desarrollo. La suavidad de la superficie previene que el agua obstruya los poros y el inminente intercambio de gases, mientras que superficies altamente reflectantes pueden ayudar a prevenir daños causados por el sol.

Visto en:  UAkron, Discovery, Iflscience, Motherboard

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