Por Samanta Vicens
5 febrero, 2016

Las usamos casi todos, ¿adivinas cuáles son?

Hace un tiempo salió a la luz la triste realidad detrás de muchas marcas de ropa y marcas deportivas que tenían a niños trabajando en sus fábricas en muy malas condiciones, sobrecarga de horario, sueldos mínimos y maltratos; explotación infantil en todas sus formas. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde vienen los teléfonos celulares que usas todos los días? ¿O si estas grandes empresas se aseguran de que las materias primas que compran no provengan del trabajo de niños explotados? Amnistía Internacional acaba de revelar nombres de algunas de las grandes marcas que no hacen las comprobaciones básicas para asegurar que sus productos (baterías) no usen cobalto extraído por mano de obra infantil. Aquí te contamos más acerca de la investigación.

“Millones de personas disfrutan de las ventajas de las nuevas tecnologías, pero raras veces se preguntan cómo están hechas. Es hora de que las grandes marcas asuman parte de la responsabilidad de la extracción de las materias primas con que se hacen sus lucrativos productos.

-Mark Dummett en Amnistía Internacional

Captura-de-pantalla-2016-02-03-a-las-17.24.50
Amnistía Internacional

Apple, Samsung y Sony dentro de las marcas que no realizan las comprobaciones necesarias

El estudio, llamado This is what we die for: Human Rights abuses in the Democratic Republic of The Congo power the global trade in Cobalt (Por esto es que morimos: Abuso de los Derechos Humanos en la República Democrática del Congo impulsan el comercio global de Cobalto), reveló que el cobalto se vende a Congo Dongfang Mining, donde procesan el cobalto antes de venderlo a tres distintos fabricantes de componentes de baterías chinas y surcoreanas. Estas empresas a su vez venden a fabricantes de baterías que aseguran abastecer a varias marcas de tecnología e incluso automóviles, como Apple, Samsung, Daimles, Volkswagen, Microsoft y Sony.

Dentro de la lista de clientes de los fabricantes de baterías procesadas de Hauyou Cobalt, hay 16 empresas multinacionales. De estas, sólo una admitió la relación, cuatro de ellas no supieron asegurar si compraban el cobalto de esa empresa, seis afirmaron estar investigando al respecto, otras cinco negaron la relación con la empresa, a pesar de que figuraban como clientes oficiales, y dos de ellas negaron abastecerse de cobalto.

Emmanuel Umpula, director ejecutivo de Aftrewatch (Africa Research Watch) declaró lo siguiente:

“Los abusos que se cometen en las minas son como el dicho de ‘ojos que no ven, corazón que no siente’, porque en el mercado global de nuestros días los consumidores no tienen ni idea de las condiciones existentes en la mina, la fábrica y la cadena de montaje. Hemos comprobado que se compra el cobalto sin hacer preguntas acerca de cómo y dónde se ha extraído”.

-Emmanuel Umpula, en Amnistía Internacional

Los abusos en las minas

Mark Dummett, investigador de Amnistía Internacional sobre Empresas y Derechos Humanos, declara estar sorprendido acerca de este indignante contraste entre los “fascinantes escaparates y anuncios de las tecnologías de vanguardia y los niños cargados con bolsas llenas de piedras, así como los mineros que desfilan por estrechos túneles excavados artificialmente, expuestos a sufrir daños pulmonares permanentes”.

El problema es que RDC fabrica el 50% del cobalto en el mundo, y esto provoca que los mineros que trabajan en esas zonas corran riesgos de salud y de vida. Entre septiembre del 2014 y diciembre del 2015, murieron 80 mineros en los túneles, y sus cuerpos quedaron enterrados bajo las rocas. Entre los mineros hay 40.000 niños, y todos pasan más de doce horas diarias de trabajo sin las protecciones básicas como guantes, ropa especial y mascarillas para prevenir enfermedades respiratorias o a la piel.

Un huérfano de 14 años llamado Paul, comenzó a trabajar en minería a los 12 y explicó al equipo de investigación que al pasar tanto tiempo bajo tierra, estaba constantemente enfermo:

“Pasaba 24 horas allí abajo, en los túneles. Llegaba por la mañana y me marchaba a la mañana siguiente […] Tenía que hacer mis necesidades allí abajo […] Mi madre adoptiva quería que fuera al colegio, pero mi padre adoptivo estaba en contra y me explotaba haciéndome trabajar en la mina”.

-Paul a Amnistía Internacional

Captura-de-pantalla-2016-02-03-a-las-17.25.33
Amnistía Internacional

Las empresas pueden seguir beneficiándose de estos abusos

Mark Dummett añadió que sin las leyes necesarias, esto seguirá sucediendo:

“Sin leyes que las obliguen a comprobar dónde consiguen los minerales y a desvelar públicamente la información sobre ello y sobre sus proveedores, las empresas pueden seguir beneficiándose de los abusos contra los derechos humanos. Los gobiernos deben poner fin a esta falta de transparencia, que permite a las empresas sacar provecho de la miseria […] Las empresas no deben limitarse a interrumpir la relación comercial con el proveedor o imponer un bloqueo al cobalto de la RDC una vez identificados los riesgos para los derechos humanos en la cadena de suministro. Deben también tomar medidas de reparación por el daño sufrido por las personas contra cuyos derechos humanos se han cometidos abusos.

-Mark Dummett en Amnistía Internacional

Puede interesarte