Por Vicente Quijada
16 octubre, 2018

Pero al parecer, el crustáceo no se veía muy contento.

¿Se imaginan un mejor panorama que ir a la playa una mañana templada a pasear a tu perro? Yo no. Ni menos, probablemente, el can, quien disfruta como nadie las oscilantes vueltas que dan las olas al estrellarse con la arena. Además, no hay campo más despejado y abierto para correr que una playa desierta, ¿no?

Pero Sheila, la perrita que veremos a continuación, encontró incluso otra manera de entretenerse en sus paseos playeros, y hasta conoció a un nuevo compañero de aventuras. 

Pero para que llegaran a conocerse, el can utilizó un método algo invasivo: se puso a excavar en la arena, sin detenerse, hasta que apareció un pequeño cangrejo que se defendió rápidamente con sus tenazas. Claramente no era un juego para él. 

Sin embargo, a Sheila no le importó, y se mostró más juguetona que nunca, ladrándole y saltando de lado a lado con su nuevo amigo. Incluso se echaba en el piso para estar a la altura del crustáceo y poder mirarlo con más detención. 

Oliver Markert

Aún así, no podía evitar ladrarle y hasta abrir sus fauces de manera amenazante, mientras el pequeño cangrejo se movía a la defensiva. Pero tras un buen rato de tira y afloja entre los nuevos amigos interespecies, la alimaña se quedó tranquila y Sheila se sentó a su lado, para seguir observándola.

Oliver Markert

¿Quién dijo que los cangrejos y los perros no podían ser amigos? Nadie, pero aún así rebozan de ternura.

Puede interesarte