Por Alejandro Basulto
3 marzo, 2021

Estos cefalópodos, al igual que el resto de su familia animal, demuestran día a día que las capacidades de sus mentes no deben ser subestimadas por nosotros.

Los cefalópodos, la familia de animales marinos en los que es posible encontrar a los pulpos, calamares y sepias, entre otras especies, son seres vivos que durante los últimos años han logrado captar ampliamente la atención de los biólogos y demases científicos. Y principalmente, por su impresionante inteligencia, que los ha vuelto blanco de diferentes experimentos y evaluaciones que buscan medir sus capacidades cognitivas. Siendo hace poco un grupo de sepias las sometidas a varias pruebas de inteligencia, en las que se lucieron y sorprendieron a los humanos presentes.

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Debido a que estos animales marinos fueron sometidos a una nueva y acuática versión de la prueba del malvavisco. Experimento que surge en Stanford y en el que normalmente se coloca a un niño junto a un malvavisco mientras se le dice que si no logra comerlo durante 15 minutos, se le dará otro y podrá comerse ambos.

Gracias a esta prueba cognitiva se pueden identificar habilidades mentales como la planificación futura y la misma capacidad para adquirir conocimientos. Algunos primates, perros y córvidos han sido sometidos a este test, yéndoles de manera exitosa.

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Y el año pasado le tocó a la sepia pasar su propia versión de la prueba del malvavisco, tras abstenerse de comer carne de cangrejo por la mañana para luego, de noche, recibir un alimento que le gustará mucho más: los camarones.

Según consignó Science Alert y el equipo de investigadores liderado por la por la ecóloga conductual Alexandra Schnell de la Universidad de Cambridge en un nuevo artículo, todavía existía la duda de que si este resultado con las sepias se debía a una capacidad de autocontrol de ellas.

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Por lo que realizaron otra prueba, con seis sepias comunes colocadas en un tanque especial con dos cámaras cerradas y con puertas transparentes para ver su interior. Dentro de ellas, había un trozo de langostino crudo en una y en la otra un aún más sabroso camarón de pasto vivo.

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En cada puerta habían símbolos para los que estas ejemplares fueron entrenadas para reconocerlos. El círculo significaba que abría de inmediato y el triángulo que abriría después de un intervalo de tiempo entre 10 y 130 segundos. Mientras que había un cuadrado en una puerta que no se abría. Todas las sepias, en los diferentes grupos (de control y de prueba) decidieron esperar para comer su comida preferida (camarones vivos) y sin quedarse detrás de la puerta con el cuadro como símbolo, en la cual no podían acceder a su alimento.

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