Por Francesca Cassinelli
21 febrero, 2017

Su madre dejó de alimentarlo. Tampoco lo dejaba jugar con otros corderos.

La mamá de Barry había tenido muchas crías antes, pero algo en su nuevo hijo le hizo rechazarlo. No sabemos si fueron las manchas negras, su actitud mansa o alguna otra característica. Solo sabemos que no lo dejó integrarse al grupo y que Emma Childs, la dueña del terreno en que viven todos, decidió adoptarlo.

Barry no podía vivir afuera, así que ella lo crió como un “cordero de casa”.

Emma Childs. BNPS.

Eso significa que Barry cumple los sueños de todos los corderos (y de muchos perritos): puede dormir adentro, le gusta sentarse en las faldas de su dueña mientras ven televisión y juega con los otros seis perros de Emma.

“Sabe su nombre, me sigue a todas partes como un perro y viene cuando lo llamo. Es de una naturaleza gentil y muy manso”.

-Emma Childs, citada en Metro-

Ella dice que fue una suerte para Barry que hace poco dejara su trabajo de tiempo completo, porque así lo pudo alimentar cada hora cuando era un bebé.

Si ella no lo hubiese adoptado, seguramente Barry habría muerto ya que su mamá no estaba dándole los cuidados necesarios.

Sin embargo, el tiempo “de casa” ya está llegando a su fin. Barry tiene cuatro semanas de edad y pronto su tamaño y conducta no será viable en el interior de la casa. Por eso Emma está acostumbrándolo poco a poco a vivir afuera.

Es más, sus compañeros corderos ya lo han aceptado. Aunque él aún reclama cuando duerme fuera de casa, pronto tendrá que hacer el cambio: dejar la casa de su “madre adoptiva” e iniciar una vida adulta junto a los otros corderos.

¡Le deseamos toda la suerte a Barry en su cambio de casa!

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