Por Lolita Cuevas-Avendaño
28 septiembre, 2016

No se mueve ni un centímetro.

Año tras año, los cazadores de Taiji, Japón, acarrean a numerosos grupos de delfines creando una “pared” de sonido que los desorienta, hasta conducirlos a una cala en donde los aprisionan. Seleccionan a los que no tienen marcas y los venden a la industria del entretenimiento. Al resto los golpean hasta la muerte y aprovechan su carne.

Los ejemplares que sobreviven han sido testigos de las más crueles, brutales y sangrientos asesinatos de sus familiares.

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Recientemente comenzó a circular un video a través de las redes sociales en el que aparece un delfín cautivo en una restringida área del océano, en en museo de ballenas en Taiji, Japón. Parece que estuviera sin vida, pero no es nada más que la aparente desesperanza.

El inocente y pobre delfín fue filmado a escondidas desde la distancia por personas que están en contra de las malas condiciones en que tienen viviendo al animal. Su deplorable “hogar” es una especie de tanque a orilla del mar, en un espacio bastante reducido.

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Se desconoce la historia de este delfín en particular, pero vivirá en cautiverio el resto de su vida.

Será forzado a realizar trucos en duros entrenamientos para entretener a los espectadores que acudan a su show. En donde ahora es su “casa”, también se ofrece la oportunidad al público para que los alimente y nade con ellos. En la época de caza, el agua de la cala es roja debido a la sangre de la caza. 

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Durante más de 14 años, miembros de una asociación que protege a la especie han estado luchando por acabar con la caza de delfines en Taiji y desaprueban que mantengan a los cetáceos en pequeños tanques clorados y en áreas en la orilla del mar con espacio restringido. 

El comportamiento de esta criatura no es más que la consecuencia de una profunda depresión. Es desgarrador verla en estas precarias condiciones, bajo un comportamiento que no se reconocería en un delfín que vive en libertad.

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Este es el amargo video de la forma en que lo mantienen cautiverio.

Todos podemos contribuir a detener la crudeza que se vive en Taiji.

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