Por Romina Bevilacqua
19 junio, 2015

Espera…¿entendí bien? ¿el motor está vivo?

Un equipo de biólogos e ingenieros encontró la forma de generar energía limpia de la fuente más inesperada: el agua evaporada. Sólo imagina cuánta agua se evapora en la Tierra a diario y cuánta energía podríamos obtener de la bruma por la madrugada. Ahora, espera a ver cómo lograron crear con estos conocimientos un motor que funciona con el vapor. Para empezar tienes que saber algo: el motor está vivo. Probablemente en este momento estés pensando: ¡¿De qué hablas!? Pero es cierto, lo que los científicos utilizaron para crear este motor son esporas. Mira el siguiente video para comprender bien lo que acabo de decirte:

Se estima que en la Tierra se evaporan alrededor de 1.000 billones de litros de agua cada día, que hasta el momento, nunca habían sido considerados como una factible fuente de energía. Pero los investigadores de la Universidad de Columbia han diseñado una tecnología que puede capturar al menos un porcentaje de la energía de la evaporación del agua gracias al uso de esporas bacterianas, que son como semillas que germinan en un microbio en las condiciones adecuadas. Cuando estas condiciones no existen, las esporas absorben el agua que encuentran en su entorno hinchándose y luego cuando pierden el agua se contraen.

Basándose este extraño comportamiento, los científicos generaron una rueda que funciona como motor donde la mitad se encuentra en un ambiente seco, mientras que la otra queda expuesta. Así cuando las esporas de la sección expuesta entran en contacto con el agua evaporada se hinchan o agrandan y una vez que avanzan y llegan a la parte aislada y seca vuelven a contraerse. ¿Lo mejor? estiman que este motor podría costar 5 dólares para ser construido.

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Fuente

Ver cómo esta pequeña rueda logra mover un pequeño auto con ruedas que los científicos crearon, puede parecer un juego de niños, pero en realidad abre paso a lo que algún día podrían ser gigantescos generadores de energía flotantes instalados en bahías o reservas de agua, o grandes máquinas rotatorias adheridas a turbinas eólicas puestas sobre el agua, al menos así lo ha señalado Ozgur Sahin, el autor principal del estudio.

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