Por Antonio Rosselot
21 septiembre, 2021

Keith llegó a la casa de Sara Matthews (Inglaterra) con algunos problemas médicos, pero nada hacía presagiar que con el tiempo subiría 6 kilos y se convertiría en el chacal de la cocina: sea como sea, es capaz de abrir todo tipo de compartimentos para conseguir la comida que le impiden disfrutar por su dieta.

Luchar contra la ansiedad y las ganas de comérselo todo es una de las batallas que mucha gente libra a diario, sea por el contexto que sea. El hecho de tener comida disponible ya es una razón para devorársela sin criterio, ¿porque de qué serviría la comida si no se puede comer?

Quizás esa es la misma lógica que tiene Keith, este enorme gato adoptado en un hogar de Bristol (Inglaterra): su necesidad de comer es tanta, que su madre adoptiva tuvo que poner cierres de seguridad en las puertas de su nevera para que no se metiera a sacar alimento.

Keith llegó con algunos problemas médicos a la casa de Sara Matthews y su hija Charlie y, a pesar de haberse esforzado por hacerle dietas especiales y llevarlo al veterinario, el gato pasó de pesar cinco kilos a casi once en los últimos siete años. Para comparar, ese es el peso promedio de un perro de tamaño mediano.

Y la verdad es que Keith no tiene ningún criterio, según su dueña: a estas alturas, prácticamente todas las puertas de su cocina tienen un seguro para que el gato no se meta a husmear. Sin embargo, dice que el felino siempre encuentra la forma de cumplir su objetivo, sin importar la dificultad del desafío.

“Una de las últimas estanterías que tuve que proteger de Keith tenía una bolsa grande y pesada justo en frente. Él logró mover la bolsa fuera de su camino y logró llegar a su alimento. Ahora he tratado poniendo todas sus raciones en recipientes plásticos con tapas que se cierran con click. También probamos con platos de puzzle para que se frenara un poco, pero simplemente los dio vuelta”.

—Sara Matthews vía Metro

El problema es que el caso de Keith es como un gran círculo vicioso. Aún no se sabe cuál es la alteración en su cuerpo que causa este apetito incontrolable y, como en su casa lo tienen en una estricta dieta y sin poder salir a la calle, su actividad física ha disminuido un montón.

Además, los mismos medicamentos que toma para sus dolencias le causan mucha más hambre, paradójicamente.

“Hay una chance de que sea un problema neurológico, pero costaría cientos y cientos de libras hacerle las pruebas y su seguro no las cubre. Por su tamaño, además hay preocupación de que eventualmente no despierte de cualquier tipo de anestésico. Incluso si nos dijeran que hay algo mal con su cerebro, no habría cómo tratarlo”.

—Sara Matthews vía Metro

A pesar de tener el doble del tamaño de un gato normal, Keith es un felino muy activo y feliz, siendo Charlie —que tiene autismo— su compañera preferida de juegos. Sara piensa que él no ve su peso como un impedimento y que vive una vida bastante normal. “Es mucho más energético que mis otros dos gatos”, asegura.

Sin embargo, ya se acostumbró a que las cosas tengan que estar bajo varias llaves en casa. Muy simpático será Keith, pero es un depredador de la cocina y, a pesar de que varios nos identifiquemos con él, ¡eso puede causar muchos problemas innecesarios!

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