Por Romina Bevilacqua
16 septiembre, 2015

Después de ser adoptada, empezó a mostrar algunos comportamientos bastante felinos. 

Ella es Tally, una hermosa Husky que pareciera estar un tanto confundida. Aunque su exterior corresponde al mundo canino, aparentemente su interior se siente más a gusto con el mundo felino. Probablemente esto se deba a que antes de ser adoptada a los 2 años de edad, Tally vivió en una casa rodeada de gatos que finalmente la criaron y con los que compartió sus primeros años de aprendizaje.

Al adoptarla, su nueva dueña no sabía nada de esto, ni imaginaba que vivir con gatos podría definir la personalidad de su perrita, pero con el tiempo las actitudes de Tally comenzaron a levantar sospechas en ella

Todo comenzó de forma muy sutil…

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Tally tenía una pequeña obsesión con las cajas.

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Y esa obsesión sólo continuó creciendo.

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De pronto se apoderaba de los sillones y los reclamaba como suyos.

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Podía dormir en cualquier parte y de cualquier forma.

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Bloqueaba las escaleras elegantemente.

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Si estaba jugando con su pelota y alguien quería jugar con ella, ponía esa cara de “Hay. Ya estoy divertida por mi cuenta, no te necesito”.

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Y comenzó a sentarse en esa clásica pose gatuna.

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Pero esta actitud fue la guinda de la torta. Se sentaba en el umbral de la ventana a mirar hacia afuera, juzgando silenciosamente, tramando cómo haría para dominar al mundo.

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Pero al fin y al cabo, como gato o perro, Tally es feliz y eso es lo importante.

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