Por Juan David Montes
23 marzo, 2016

El rostro de la culpa.

Stephanie Lynn no encontraba sus lentes. Cuando por fin pudo hallarlos vio que estaban rotos, así que llamó a Rooney, el principal sospechoso de haber mordido las gafas. El perro asistió con entusiasmo al encuentro con su dueña pero cuando vio que ella tenía al cuerpo del delito en sus manos no pudo soportar con la culpa y, antes de que ella se lo indicara, él mismo fue a encerrarse en una jaula, como castigo.

httpv://youtu.be/ic-Y0mFHJDA

Ese momento incómodo en el que te das cuenta de que no te llamaban para algo bueno.

Luego, una breve negación.

“Ay bueno pues me castigo yo solito”.

¿Tu mascota también se delata así de fácil?

Puede interesarte