Por Daniela Morano
10 junio, 2019

Todo dueño/a de un perro seguro ya sabía esto.

Quienes sean dueños de un perrito/a ya sabrán que el amor que sienten mutuamente por el otro es más grande que cualquier cosa en este mundo. Nada se compara a mirarse a los ojos tras un largo día fuera de casa y saber que ambos esperaban reencontrarse para jugar y abrazarse.

Hasta ahora no había ninguna prueba real de que uno pudiese enamorarse de su perro. Un nuevo estudio, realizado por varias universidades japonesas y publicado en la revista Science, confirmó que puedes, de hecho, enamorarte de tu perro al mirarlo a los ojos.

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El estudio que consiste en dos partes, primero observó a 30 perros junto a sus dueños interactuar durante media hora, y luego midieron los niveles de oxitocina. También conocida como la «hormona del amor», la oxitocina se libera en los humanos especialmente en relaciones de pareja y entre madre e hijo/a.

Los investigadores pudieron comprobar que los niveles de esta hormona era mayor en los humanos que miraban mucho tiempo a sus perros. Además, si el dueño tenía un nivel alto de oxitocina el perro también, comprobando la teoría de que el amor que sienten es mutuo.

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El proceso fue repetido con lobos criados por humanos y sus dueños, pero no hubo evidencias de que se liberara oxitocina de la misma manera que sí ocurría al mirar a un perro.

La segunda parte del estudio buscaba comprobar si acaso es la oxitocina la que hace que uno se observe más rato con su fiel amigo. Para eso inyectaron hormonas en otro grupo de perros y luego los observaron interactuar con sus amos.

En las hembras los niveles de la hormona fueron mucho mayores que en humanos o perros machos, algo que simplemente no ocurría en ellos y no tienen muy claro porqué.

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En general, los resultados demuestran que los perros, al ser domesticados, han desarrollado una habilidad beneficiosa tanto para ellos como para los humanos. «Se han aprovechado de nuestras sensibilidad para generar lazos sociales y conseguir protección», dijo Evan MacLean, uno de los científicos investigadores del ensayo.

En otras palabras, los perros aprendieron a evocar en los humanos el mismo amor que una persona siente por sus hijos.

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