Por Camila Londoño
1 marzo, 2016

Su anterior dueño no la tocaba porque le daba asco.

Cuando encontraron a esta perrita llamada Sarah, estaba en condiciones inhumanas; cubierta en moscas, sola, amarrada con una cadena muy corta y no interactuaba con absolutamente nadie. Ni si quiera con su dueño, quien a pesar de saber que Sarah necesitaba afecto, no se atrevía a tocarla porque en sus palabras: «estaba asquerosa». 

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Por fortuna Sarah fue liberada de la miserable condición en la que se encontraba.

La rescataron, la bañaron y le dieron una nueva oportunidad de vida llena de afecto.

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Aunque estuvo aislada por mucho tiempo, poco a poco fue entendiendo lo que significa ser amado por un ser humano racional.

Ahora consiguió un nuevo hogar, donde no podría estar más feliz.

¡Incluso tiene un hermano nuevo!

Así es como debió vivir todo el tiempo. 

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