Por Felipe Costa
1 diciembre, 2020

Los cachalotes se organizan en perfectos patrones verticales para protegerse y pueden dormir profundamente durante 2 a 3 horas.

Uno de los seres marinos más difíciles de estudiar, durante años, han sido las ballenas. Estos mamíferos han logrado ser bastante reservados con su modo de vivir y pese a su gran tamaño, perderlas de vista es muy fácil. Pues ahora se ha descubierto uno de los misterios, al saber como estos animales duermen en un estado natural.

Según informa National Geographic, durante un tiempo hubo una incógnita en internet sobre un grupo de ballenas que se encontraban “de pie”, estáticas y se creía que era una forma que tenían para observar la superficie. Pues resulta que aquel comportamiento se debía a que en realidad se encontraban durmiendo, adoptando una posición vertical.

Cachalotes durmiendo –Stephane Granzotto

En un estudio realizado por el fotógrafo francés Stephane Granzotto, en 2017, se capturaron por primera vez imágenes en alta definición de cachalotes durmiendo.

Cachalotes durmiendo –Stephane Granzotto

Cuando los cachalotes se sienten cansados y necesitan una siesta, llegan a sumergirse unos 14 metros, organizándose en patrones verticales, en grupos de hasta 5 o 6 ballenas, quizás para protegerse y se mantienen ahí unas 2 a 3 horas en un sueño profundo.

La curiosa forma que adoptan los cachalotes sorprendió a internet la primera vez que fueron reveladas en 2008, pues parecían ser  autobuses sumergidos en el océano. En aquella época no se logró obtener fotografías con una buena calidad, por lo que las imágenes de Granzotto son una verdadera maravilla.

Cachalotes durmiendo –Stephane Granzotto

Se ha podido confirmar, que los cachalotes que viven en cautiverio, duermen con un ojo abierto y la mitad del cerebro permanece activo, en un estado de alerta, comprobándose así que aquellas ballenas que viven en la naturaleza tienen un sueño más profundo y completo.

Cachalotes durmiendo – Stephane Granzotto

El estudio se pudo realizar en los mares de las costas chilenas, donde los cachalotes dormían profundamente hasta que un barco que tenía sus motores apagados terminó chocando con los mamíferos, despertándolos y acabando así con la observación.

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