Por Daniela Morano
7 enero, 2019

No sólo la vida de estos niños cambió, sino que también la de Finn, quien por fin puede descansar de las carreras.

Los animales pueden ser de gran ayuda para personas que sufren de alguna enfermedad o problema que les impida funcionar con toda la normalidad necesaria en el día a día. Muchos hemos visto a los perros de servicio, quienes ayudan a personas no videntes a moverse en la calle con fluidez, mientras que otros funcionan como perros guardianes para alguien que sufre de epilepsia, por ejemplo. 

Finn es un perro galgo de 35 kilos, un ex corredor de carreras profesionales. Antes de vivir con su actual dueña, Kathi Moore, Finn se llamaba Gene’s Outlaw, y vivía en Daytona, Florida. Nunca le importó ser el más rápido ni ganar las carreras, por lo que nueve meses después de comenzar se retiró y llegó al Programa de Prisión de Galgos en Indianapolis. Allí los reclusos ayudan a los perros a tener una lenta y segura transición hacia una vida normal. 

Kathi Moore

Fue allí donde Moore conoció a Finn hace dos años. Buscaba un perro del cual cuidar tras la muerte de sus dos perros y su suegro. Para ella, conocer a Finn fue su destino. «Decidimos cuidar de él, especialmente después de saber cual era su nombre. Era el mismo que el de mi suegro. Pasadas 24 horas llamé a la prisión y les dije ‘esto no va a funcionar’. Me dicen ‘oh no, ¿qué ocurrió?’ y les digo ‘nos quedaremos con él'», contó a Today.

Como muchos galgos, Finn pasa gran parte de su tiempo durmiendo, pero además tiene muy buena disposición con la gente, motivo por el que Moore decidió llevarlo a Paws & Think para ser entrenado. 

Kathi Moore

La organización sin fines de lucro ayuda a perros, niños y adultos con discapacidades. 

Tras 8 semanas de entrenamiento enviaron una aplicación a Riley, el hospital de niños, donde Moore y Finn fueron entrevistados. Finn debía probar que no le robaría la comida a los niños, no se asustaría con las sillas de ruedas ni se enojaría si le tocan sus orejas.

«Evaluamos el comportamiento del perro. ¿Les gusta ser acariciados, intentar interactuar con la gente? Y nos fijamos en cosas que no queremos como alejarse, gruñir, ladrar mucho», explicó Caitlin Dougherty, especialista en el Hospital de Niños Riley.

Kathi Moore

«Es un gran oportunidad para que los pacientes y sus familias reciban ayuda por su ansiedad y el estrés. Hay muchos estudios que demuestran que los perros de terapia ayudan tanto como hacer ejercicio, reducen la ansiedad y ayudan a generar oxitocina». 

Finn actualmente es el único galgo en el hospital, por lo que atrae mucha atención hacia él. «Son una raza misteriosa. Él ciertamente es muy inusual», dijo Moore.

«Hacer voluntariado también ayuda a los perros. Pero Finn sobre todo se beneficia de estar con los niños. Con las familias y las enfermeras. Es algo bueno que podemos hacer».

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