Por Antonio Rosselot
5 septiembre, 2019

No es tan fácil romper la armonía del mundo rural…

Hace unas horas, un tribunal francés falló a favor de un gallo. Sí, un gallo.

Maurice, el guapo gallito que llenó portadas en Francia en los últimos días, salió victorioso en el juicio que sus vecinos le hicieron en su contra por despertarlos demasiado temprano con su canto.

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Según lo comentado por Julien Papineau, abogado de Corinne Fesseau —propietaria de Maurice—, los vecinos de la mujer tendrán que pagarle una suma de 1.000 euros —unos 1.100 dólares— por concepto de daños y perjuicios. La mujer, por su parte, señala que se hizo justicia para el mundo rural y todos sus integrantes.

«No tengo palabras. Ganamos. Es una victoria para toda la gente en mi misma situación. Espero que cree jurisprudencia (…) todo el mundo va a ser protegido: las campanas, las ranas, etc».

Corinne Fesseau, dueña de Maurice

Esta victoria fue vista por muchos como un triunfo de las tradiciones rurales por sobre las citadinas en el país galo: se creó una petición para salvar a Maurice, la cual consiguió más de 140 mil firmas. El problema surgió porque el cacareo del gallo molestaba a sus vecinos en la isla de Oleron (Francia), por lo cual lo acusaron de «perjuicio sonoro».

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Ante la denuncia, la dueña de Maurice argumentó que nunca en la vida había recibido quejas por su cacareo, diciendo que los gallineros siempre han existido.

«Entre 40 vecinos, sólo molesta a dos (…) el campo tiene derecho a sus ruidos. El gallo tiene derecho a cantar, los gallos no cantan desde las 4:30 de la mañana indefinidamente».

Corinne Fesseau, dueña de Maurice

Para varios, el mundo rural está en peligro. Y así lo hizo ver también Bruno Dionis du Séjour, alcalde de la minúscula localidad de Gajac (suroeste de Francia), quien publicó una carta bastante incendiaria con el objetivo de defender el «derecho de las campanas de las iglesias a repicar, de las vacas a mugir y de los burros a rebuznar», además de proponer que los ruidos del campo sean denominados como «patrimonio nacional» francés.

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Volviendo al gallo Maurice, estamos contentos de que pueda seguir dando inicio al día con sus cacareos. Los vecinos, en tanto, que se compren unos tapones para los oídos.

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