Por Daniela Morano
2 agosto, 2019

Aunque su principal trabajo es cuidar el recinto, Salt el ganso tiene cosas más importantes de las cuales preocuparse… como recibir caricias.

Después de varios intentos de robo de algunos caballos en el refugio y centro de rehabilitación Coastal Horse Care Unit en Sudáfrica, el equipo decidió que era hora de tomarse en serio el tema de la seguridad. No podían seguir arriesgando a los animales, así que contrataron a dos guardias que pudiesen asustar a los malos que se acercaban al recinto.

Sin embargo estos resultaron ser demasiado amables y para nada aptos para el cargo. De hecho, son especialmente simpáticos con Sheri Wilson, una de sus compañeras. Aunque claro, no olvidemos que los dos guardias son… gansos.

Sheri Wilson

“La hembra, Pepper, es amistosa pero tímida y Salt es obviamente mucho más amistoso y camina hacia uno por atención. Intenta acicalar mis brazos y piernas y se confunde cuando se da cuenta que no tengo plumas que limpiar”, dijo Wilson a The Dodo.

Desde que Salt llegó al refugio, de inmediato se hizo muy amigo de Wilson, quien es la asistente del manager. “Se ha acostumbrado y siempre se apoya en mis piernas mientras le doy de comer a los ponys y los burros”.

Era un comportamiento demasiado amable para un animal que supuestamente debería asustar a las personas. Ahora, cuando Wilson se acerca, Salt no puede contener su emoción.

El ganso grazna con emoción mientras corre donde su amiga, aunque no sea la hora de jugar. “Corre hacia mí apenas oye mi voz, aunque esté llamando a los ponis o los burros. No le interesa la comida sólo quiere atención”.

No queda duda de que Salt y Pepper disfrutan de la atención, pero al menos intentan ser buenos guardias. “Hacen mucho ruido y nos alertan si alguien se acerca al jardín y las áreas que han decidido que son su territorio. Y lo hacen bien”.

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