Por Alejandro Basulto
11 septiembre, 2020

Aprendió a escalarlo mirando a los humanos.

Que los gatos son increíbles trepadores no es contar algo nuevo. Es una fama que arrastran por siglos y milenios, producto de su propia naturaleza, que les hace unos depredadores hábiles, capaces de cazar en diferentes circunstancias… y alturas. Aunque en más de una ocasión, se ha sabido de mininos que no son tan diestros como la historia de su especie les precede, conociéndose casos de estos felinos que se han quedado atrapados en árboles o en otras altitudes, esperando ansiosamente ser rescatados por algún humano. Y es que también son muy regalones.

Bouldering gym Boulbaka / Facebook

Ahora, saber un de gato que trepa muros de escalada, eso sí que es nuevo e increíble. Ya que lo común es verlos subir a los techos de las casas, o como ya se mencionó, escalando árboles para capturar una presa o huir del peligro. Sin embargo, la gata llamada Lalah, se ha transformado en toda una celebridad en el Gimnasio de Escalada Boulbaka, en Okinawa, Japón. Vivir y pasar todos sus días frente a un muro de escalada, le ha permitido perfeccionar su técnica desde temprana edad, convirtiéndose en una minina muy talentosa y diestra a la hora de trepar.

“Decidí albergarla en el gimnasio (…) Desde entonces, ella ha sido gerente de nuestras instalaciones, diciendo ‘¡Miau!’ a los visitantes todos los días”

– contó la dueña del gimnasio, Mitsuru Goan, a The Dodo.

Bouldering gym Boulbaka / Facebook

Gatita, que además de saber trepar los muros de escaladas, es también la encargada de dar la bienvenida a todos los visitantes con su ternura. Con la cual desde que era una pequeña bebé gatuna, se robaba los corazones de quienes asistían al gimnasio, al saltar sobre los estantes y subir por una cuerda que colgaba del techo a casi 5 metros de altura. Poco después empezó a subir las escaleras, hasta llegar a la pared de escalada, que últimamente fue su gran afición treparla.

Como si estuviera aprendiendo de los demás escaladores, miraba a los humanos que subían la muralla, encontrándose atenta a sus movimientos. Los que pareciera después imitar. Mecanismo, que le ha ayudado a llegar cada vez más arriba. A la cima, de hecho. Sin recibir nunca golosinas ni algún estímulo por escalar. Aunque hace poco, el gimnasio cambió de lugar las rocas de la pared, lo que hizo que Lalah perdiera interés en ella, por lo que ahora prefiere pasar sus días descansando y metiéndose en los bolsos de los visitantes para dormir ahí dentro. “Debes prestar atención para no llevarla a casa contigo”, advierte su humana, sobre su regalona y trepadora gata.

Puede interesarte