Por Alejandro Basulto
23 julio, 2020

No resultó ser un plato tan sabroso como esperaba.

Las gatos, sean hembra o macho, destacan siempre por dos cosas: su inteligencia y lo bueno para dormir que son. Y una de las cosas que explica lo ingeniosos que son estos animales, es su curiosidad, porque siempre andan por ahí de intrusos. Uno llega a la casa después de realizar las compras, y los primeros en revisar las bolsas del supermercado son los mininos. Estos felinos siempre se las arreglan para estar al tanto de todo. Y cuando este afán por conocer cosas nuevas se mezcla con su apetito, estos animales nos pueden dar momentos inolvidables.

MADELEINE MEREDITH-HOLTON

Tal como es el caso de la gatita Leela, de Madeleine Meredith-Holton y su pareja. A la que conocieron tras encontrarla debajo de un automóvil hace seis meses. Entrecruzaron miradas, se encariñaron y rápidamente se dieron cuenta que tenían que sumarla a la familia. Y así fue como la adoptaron. «La trajimos adentro y en unas pocas horas nos abrazó y se sintió como en casa», dijo Madeleine a The Dodo. Una pequeña felina que hoy tiene 8 meses y que destaca por ser muy inquieta y meterse en situaciones en las que no debería.

MADELEINE MEREDITH-HOLTON

Siendo tal vez sus travesuras más habituales, las en que se roba bocadillos de la papelera o cuando se escapa con las esponjas de la cocina en su boca. Sin embargo, hace unos días, sumó una nueva anécdota a sus episodios divertidos. Ya que encontró en su taburete favorito, donde gusta descansar, una revista de cocina. Y como es curiosa como pocas, se levantó para investigarla. Al verla notó que tenía una foto brillante de un delicioso plato de comida, y cómo se veía también, optó por probarla. De tal manera, que durante minutos Leela lamió con ganas la portada de esta publicación.

Para después, simplemente se decepcionó. Estaba confundida, porque lo que parecía ser tan sabroso, no tenía el gusto que ella pensaba. Todo esto mientras su humana la miraba y se reía. «Ella es muy conocida por hacer cosas tontas», confesó Madeleine. Al final, esta ilusa minina se quedó con las ganas de comer un plato rico de comida, aunque al menos obtuvo una enseñanza: que las imágenes de alimentos no saben tan bien como los reales.

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