Por Antonio Rosselot
4 septiembre, 2020

Frankie fue encontrado en pésimas condiciones bajo una casa en Geelong (Australia), por lo que fue llevado a un hospital y luego a un hogar de paso, donde se recuperó bien. Sus orejas son un misterio de la genética, pero le dan ese toque especial que hace que su familia lo adore.

El pequeño Frankie se ve un poco distinto al resto de los gatos que conocemos, pero eso no quita que sea realmente adorable y querible.

Este gatito, cuya historia trascendió en los medios en 2018, tiene cuatro orejas y un solo ojo, lo que le valió el nombre de Frankenkitten —Frankie para los amigos—.

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El felino fue encontrado bajo una casa en Geelong (Australia), con un ojo severamente deformado. Como estaba inutilizable, se lo tuvieron que remover mediante una compleja cirugía.

Respecto a sus cuatro orejas, aún no hay mayor explicación: esta alteración genética es tan rara que no ha habido demasiada investigación en la historia sobre gatos con orejas extra. Pero se le ve bastante feliz y saludable dentro de todo.

Apenas lo encontraron en estado deplorable, Frankie fue llevado al hospital de la protectora Geelong Animal Welfare Society, donde fue operado y recibió varios puntos de sutura. Luego lo limpiaron y dieron inicio a su proceso de recuperación, el que terminó cuando una mujer llamada Georgia Anderson lo adoptó y le dio un hogar definitivo.

La mujer, que hasta ese minuto ya había acogido a más de 80 gatos en dicho año, originalmente se había llevado a Frankie a casa para darle un hogar de paso. Pero apenas lo tomó en brazos, supo que había algo diferente sobre él.

“Luego de un par de horas desde que llegara a casa, me di cuenta de que era muy especial. No podía soportar el hecho de eventualmente tener que entregarlo a otra familia”.

Georgia Anderson a Love Meow

Frankie está tremendamente agradecido de la gente que lo salvó, porque la infección de su ojo estaba realmente horrible y le podría haber provocado mucho más daño del que sufrió.

Ahora él da ese mismo cariño de vuelta acurrucándose con su dueña, dejándose rascar detrás de cada una de sus cuatro orejas y despertando a sus humanos en la mañana con muchos besos de nariz.

Y es que claro, la vida le cambió completamente gracias a la preocupación y el cariño de un grupo de seres humanos que no se espantaron con su aspecto.

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