Por Florencia Lara
3 agosto, 2022

Robin Wagner quedó impresionada cuando se percató que Satín, su felino, ocupaba su voz para evitar que Blaze, el can ciego del hogar, no tropezara o pisara algo que no debía. Se comunican a la perfección.

Hay veces que cuando una familia posee más de una mascota, entre ellas no suelen tener una buena relación, aunque sus amos quisieran que sí la tuvieran. En el caso de Robin Wagner tuvo más que suerte, y no porque su perro y su gato se amaran entre sí, sino que porque el felino ayuda a su amigo can con su discapacidad visual, demostrando su cariño.

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Robin Wagner tiene 28 años, y desde hace mucho tiempo que comparte su vida con su novio y su tierno gatito, Satín. Pero, en 2020 decidió que quería agrandar su familia, adoptando a Blaze, un perrito mezcla de pastor alemán quien estaba esperando un hogar definitivo en un refugio de la zona.

Al llevarlo al veterinario para su control después de la adopción, el profesional le informó a Robin que el can presentaba ceguera en un ojo. A pesar de que eso no implicaba mayor problema para la chica en un comienzo, se dio cuenta que a lo largo del tiempo sí afectaría en la dinámica familiar.

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Resulta que debido a una falla genética, en 2021, cuando Blaze llevaba un año habitando con los Wagner, perdió la visión de su otro ojito, quedando completamente ciego. Eso detonó en el animal una crisis de ansiedad, que anuló casi por completo sus ganas de socializar.

Satín el felino, fue uno de los que más sufrió al comienzo. Debido al enorme porte del can, y lo pequeño del minino, este sin querer comenzó a pisarlo cada vez que rondaba por el hogar.

“Satín disfruta frotándose contra sus largas piernas, como lo hace un gato contra una mesa o una silla. Sin embargo, una vez que Blaze perdió la visión por completo, la pisaba mucho. Tanto al gato como al perro les gusta pasar el rato en nuestra cama con nosotros. Cuando Blaze saltaba, Satín salía corriendo de la habitación antes de que él la pisoteara”.

Robin Wagner a La Razón.

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Pero la actitud defensiva de Satín cambió con el tiempo. Robin notó que el felino lanzaba maullidos con distintas intensidades hacia el can para que supiera que él estaba cerca. La dueña se percató que el gato guiaba con su voz y el volumen de su maullido a Blaze, para que este no lo pisoteara y caminara con libertad.

Hoy, Satín y Blaze demostraron que el gato y el perro no se llevan mal como dice el mito, sino que hacen una buena dupla. El can soporta de mejor manera su ceguera, ya que es el felino quien ayuda como guía con su voz, evitando que su fiel amigo tropiece, lo pise o caiga.

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