Por Daniela Morano
18 julio, 2019

Con el amor de una nueva familia y una dieta balanceada, Boo logró mejorarse.

En general son pocas las personas que aprecian a los gatos esfinge. La peculiar raza es referida como una de las más feas o aterradoras que hay, pues no tienen pelaje y suelen ser muy delgados. Uno tiende a asociarlos a criaturas muy peludas y cariñosas por lo que un gato sin pelaje puede ser un poco incómodo de ver aunque no por eso menos adorable.

Boo es un bello gatito elfo pero, lamentablemente para su familia, el más pequeño es alérgico a él. Mientras pensaban en una solución, lo dejaron lejos de las habitaciones y Boo sólo encontró consuelo en la comida (algo con lo que muchos podríamos sentirnos identificados).

Así fue como Boo llegó a pesar 11 kilos, tres veces más de lo que debería pesar.

Courtney Haney
Courtney Haney

Pero las cosas se complicaron aún más. La pareja tuvo otro bebé y debieron dar a Boo en adopción, aunque para la suerte de él una familia lo aceptó de inmediato y lo ayudaron a mejorarse. «En su antigua casa estaba en una habitación con comida 24/7 y casi no interactuaba con personas. Cuando llegó acá, lo pusimos a dieta. Comía dos comidas húmedas al día y una mezclada», dijo Courtney Haney, la nueva mamá de Boo, a The Dodo.

Lamb, su nuevo hermana, también lo adoptó como nuevo miembro de la familia sin problemas. Incluso lo ayuda a ejercitarse. «Jugamos con los dos así se mantiene activo».

Courtney Haney
Courtney Haney

Unos meses después llegó Penny Lane, una perra que Haney adoptó, que también necesitaba algo de ayuda para bajar de peso. «Penny y Boo son cómplices. Se ayudan mutuamente a robar comida del mesón de la cocina».

Courtney Haney
Courtney Haney

Pero con ayuda de Lamb y Penny Lane, Boo ya perdió 3 kilos y su veterinario lo dio de alta. «Nos demoramos casi 2 años en que bajara a los 7 kilos que pesa ahora y los ha mantenido gracias a su ejercicio diario y su buena alimentación», comentó Haney respecto a la transformación de Boo.

Courtney Haney
Courtney Haney

Aunque eso no significa que haya dejado de amar la comida: «Aún AMA la comida. Ocupa sus enormes patas para abrir la comida del perro y salir corriendo con las galleta. De hecho mientras escribía esto se robó un trozo de pollo de mi plato».

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