Por Luis Aranguren
10 septiembre, 2021

Su cuidadora, Katelyn Nassar, aprendió con su perro a ver la belleza que le ofrecían aquellas tardes. Ahora, cuando puede lo acompaña.

En ocasiones son las situaciones más simples las que nos hacen feliz, algo que inclusive los perros pueden lograr apreciar. Y es que solo con comida y compañía, ellos nos dan todo lo que está a su alcance para hacernos felices, son una maravilla.

En esta ocasión contaremos la historia de un golden retriever, que enseñó a su dueña lo lindo de la puesta de sol en la casa donde viven.

TikTok / Katelyn Nassar

Según cuenta Katelyn Nassar a través de TikTok, su amigo de cuatro patas se sienta en el mismo lugar cada día, con la finalidad de ver el sol caer. Algo que conmovió a su dueña cuando se dio cuenta, pues como ella misma dice, “aprecia lo que nosotros damos por sentado”.

Es de este modo que Katelyn ha comenzado a acompañarlo, para ella fue un despertar, pues aprovechó para disfrutar de lo mismo que su perro.

TikTok / Katelyn Nassar

Muchos pensarían que no son inteligentes, pero este perro fue capaz de conectar con la naturaleza y tal vez en blanco y negro, disfrutar de la belleza que le ofrecía el mundo. El video ha logrado tener más de un millón de likesy ha conmovido a muchos que no temen a hacer algún comentario.

“¡Una nueva tradición!, recordarás esto mucho después de que se haya ido. Atesora el momento”, escribió una persona, sobre el maravilloso momento.

TikTok / Katelyn Nassar

Muchos pensarán que es un simple atardecer, pero para ellos es un momento de conexión, donde observan lo bello y simple de la vida. Con unas caricias y buena compañía, es más fácil tener un momento perfecto. Quizás Katelyn no se había dado cuenta, pero estaba rodeada de un gran ambiente.

Ahora, tendrá grandes historias de todo lo que han podido ver cada vez que cae la noche, lindas veladas entre una cuidadora y su lindo golden retriever.

TikTok / Katelyn Nassar

Al parecer, el perro tenía mucho tiempo haciendo eso pero no le prestaban mucha atención, hasta que lograron darse cuenta que siempre a la misma hora lo hacía. Además, su mirada se perdía en el horizonte, realmente disfrutaba del atardecer en el frente de su casa.

Algo que no cambiaría por otras cosas vanales. Siempre que soplara la brisa, él estaría feliz ahí sentado.

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