Por Romina Bevilacqua
18 enero, 2016

Se trataba de 3 lobos pequeños a los que había descartado como si fuesen basura.

Corría el año 2004 cuando Tonya Littlewolf recibió un preocupante llamado. Al otro lado del teléfono una voz masculina le pedía ayuda.

«Por favor venga a llevarse a estos cachorros o morirán»

–decía la voz–

El hombre era el cuidador del terreno de una mujer que se dedicaba a criar lobos y los cachorros de los que hablaba habían sido arrojados a la intemperie como basura. Tonya, que es descendiente Apache y cuyo abuelo solía salvar lobos y pumas en Nuevo México, ha tenido contacto con estos grandiosos animales desde que era pequeña y de hecho fue esta cercanía la que la llevó a formar un santuario de lobos en 1985. Después de escuchar la desesperada petición de este hombre sabía que debía actuar rápido. Los cachorros habían sido separados de sus madres, quienes lloraban y aullaban desconsoladas, hace ya 24 horas y desde entonces habían permanecido en una jaula a la intemperie en el frío y sin comida.

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Wolf mountain Sanctuary

Pronto Tonya descubrió que conocía a la criadora, y como el hombre le pidió que por favor no revelara que él la había alertado sobre los cachorros, llamó a la mujer como si no supiera nada. Sólo le preguntó si por casualidad tenía algún lobo al que no quisiera en su recinto y ella le respondió que sí.

«Tengo a tres enanos a los que no puedo vender. Si los quieres, tienes que venir por ellos ahora»

–dijo la criadora, cuyo nombre se dejó en el anonimato–

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Wolf mountain Sanctuary

Por supuesto, la mujer no quería revelar la dirección de su criadero, así que le dijo a Tonya que ella llevaría a los cachorros a otro lugar donde ella podría recogerlos. Una vez que los revisó un veterinario descubrieron que los pequeños, además de estar sucios, tenían parásitos en el estómago, estaban deshidratados y desnutridos. Por lo tanto requerirían de atención las 24h. Dos de ellos eran hermanos, una hembra y un macho a los que llamaron Wacipi (que significa Sombra danzante) y Yawto (Cántame) respectivamente, y a otra hembra, la llamaron Wanagi (Espíritu Guía).

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Wolf mountain Sanctuary

Mientras estuvieron en las instalaciones de la clínica veterinaria durante aquella noche, Tonya los acompañó durmiendo junto a ellos como una más del grupo. Los cachorros se acomodaron junto a ella y una vez que los dieron de alta, partieron todos juntos al refugio de Tonya.

«Puse mi catre contra la pared, los saqué (de sus jaulas) y dormí con ellos. Wacipi se recostó cerca de mi corazón, Yawto bajo mi brazo izquierdo con la cabeza en mi pecho y Wanagi e mi lado derecho. Me desperté cada dos horas para alimentarlos y limpiar sus desechos»

–Tonya Littlewolf–

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Wolf mountain Sanctuary

Ya han pasado 12 años desde que rescató a esos cachorros enfermos y hoy han crecido para transformarse en majestuosas criaturas. Continúan viviendo en el santuario, donde ayudan a Tonya a enseñar a las personas acerca de estos animales y generar conciencia acerca del peligro que enfrentan.

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Wolf mountain Sanctuary

Desde que creó el santuario, muchos de los lobos que ha rescatado pertenecen a la industria del cine, criaderos, o personas que los mantienen de mascotas.

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Wolf mountain Sanctuary
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Wolf mountain Sanctuary

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