Por Vicente Quijada
9 noviembre, 2017

¿Quien dijo que los gatos no tenían sentimientos?

La relación -y el amor- humano/mascota a veces va más allá de lo que pudiéramos imaginar. Todos recordamos, por ejemplo, el caso de Hachiko. Pero en general, y quizás con esa historia como estandarte, uno suele pensar que es el perro el animal que más se apega a nuestra humanidad. 

Pero no siempre.

Los gatos, muchas veces criticados por su independencia -lo cual no me parece mal, al contrario, que alivio-, su extraño comportamiento y su frialdad, no suelen estar en este tipo de relatos. Pero este gato blanco, de Langwaki, Malasia, nos dice que estamos equivocados al no considerar a su especie. 

La historia se desarrolla en el funeral de un hombre en dicha localidad, quien además era un acérrimo amante de los felinos. Y esta vez ese amor fue sumamente correspondido. 

Su mascota, un gato blanco, se echó encima del tumulto de tierra donde yacía su dueño y, mientras toda la familia participaba de la ceremonia, empezó a cavar la tumba. De inmediato intentaron retirarlo, pero el felino se opuso y a pesar de la insistencia, se quedó sobre su humano. Intentando sacarlo de ahí, quizás.

El amor animal no tiene límites.

 

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