No hay playas para surfear, restaurantes de comida típica, ni un parque de atracciones, pero sí, gatos que atraen a muchos turistas. 

Había una vez, una isla al sur de Japón llamada Aoshima, donde se tomó una simple decisión para hacerle frente a un problema que afectaba a todos los pescadores. Ahí, los ratones se estaban comiendo los productos recién sacados del mar e impidiendo que se pudiesen vender en el mercado, por lo que se importaron unos cuantos gatos desde el continente. Como es de esperar, los gatos hicieron muy bien su trabajo, pero al encontrarse en tan buenas condiciones y con tanta comida, es que empezaron a reproducirse, y bueno, a convertirse por su cuenta en una especie de plaga.

Hoy, en esta pequeña isla llena de casas abandonadas, ya que la población total consiste en unos cuantos jubilados que no se unieron a las oleadas de inmigrantes que buscan trabajo en las ciudades después de la Segunda Guerra Mundial, también puedes encontrar gatos. Más de 120 bolas de pelo, en su mayoría de color miel o ceniza, con variaciones de blanco y otros tonos de ceniza y negro, que generalmente se agrupan y por lo mismo, logran impresionar a todo el que llega de visita.

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Thomas Peter

Son criaturas bastante salvajes y la verdad, es que superan en número a los humanos locales, en razón de 6 a 1. Para vivir, roban uno que otro pez de la caleta, se refugian en las casas deshabitadas, y por suerte, cuentan con la protección de un par de señoras locales, que a diario salen con enormes recipientes cargados de comida a satisfacerlos.

De más está decir que Japón siempre ha sido un país que adora a los gatos, y que incluso, creo a la mundialmente conocida Hello Kitty. Razones más que suficientes para que la isla de a poco se haya convertido en un atractivo turístico, a pesar de que no cuenta con restoranes, playas de arena blanca y olas majestuosas para hacer surf, algún monumento, ni fenómenos de la naturaleza.

Si te interesa saber más de este lugar en el que podrías pasar el día rodeado de una presencia felina bastante peculiar, entonces no te puedes perder las impactantes imágenes que el fotógrafo Thomas Peter consiguió durante su visita, ni dejar de tener en cuenta que para llegar, basta de 30 minutos de viaje en un ferry, desde la costa de la Prefectura de Ehime.

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