Por Lucas Rodríguez
5 noviembre, 2019

Quien la encontró dijo que sangraba de sus heridas y se acercaba a la hipotermia. Quien la abandonó, no contaba con volver a verla.

Es cierto que la tecnología moderna ha llenado de estímulos nuestras vidas. Podemos salir sin problemas de nuestras casas, audífonos inalámbricos puestos en nuestros oídos, arrojando nuestra atención periódicamente sobre los mensajes de texto y menciones en redes sociales que nos aparecerán. Podemos vivir sin ningún problema en un mundo completamente digital, recibiendo casi la misma cantidad de sorpresas y placeres que en la vida tangible.

Pero también debemos recordar de no perder por completo la atención en el mundo que nos rodea. La vida siempre tiene la capacidad de sorprendernos. A veces, esa sorpresa tiene un motivo: alguien puede necesitar que la ayudemos. No solo alguien, sino que también un animal, como fue con este profesor de la Universidad de Illinois, que se encontraba en lo que sería una tranquila mañana cuando notó que una perrita requería de su ayuda. 

University of Illinois

La que iba a ser una tranquila mañana, pescando en el lago Kaufman de la localidad de Champagne, Illinois, se transformó en un rescate peligroso para salvar la vida de una perrita a la que de seguro, no le quedaba demasiado tiempo. La imagen con la que Bryant Fritz se encontró fue una tan potente, que por un momento lo hizo perder toda esperanza: cerca de la orilla del lago (de aguas gélidas, teniendo en cuenta que el hemisferio norte se apresta a entrar en sus meses más helados), una jaula de metal cerrada flotaba a la deriva, con una perrita indefensa en su interior. 

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Bryant se acercó a la orilla, y ayudándose de su caña de pescar, acercó la jaula hacia la orilla. Cuando la tuvo al alcance de sus manos, la levantó, notando que la perrita no solo estaba prácticamente inmovilizada por el frío, sino que también por un par de heridas severas que tenía en su lomo. Bryant tuvo que soportar un segundo golpe a su ánimo: la perrita no solo había sido abandonada a su suerte, sino que quien lo hizo sabía que no iba a poder valerse por sí misma.

El profesor subió a la perrita a su coche. La arropó con lo que encontró y subió la calefacción al máxima, mientras corría hacia el centro veterinario más cercano en busca de ayuda profesional.

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Los veterinarios revisaron a la perrita, encontrando que sus heridas estaban infectadas y su salud a punto de sucumbir a la hipotermia causada por las frías aguas del lago. Fue necesaria operarla de inmediato para suturar sus llagas y mantenerla bajo vigilancia, monitoreando la recuperación de su temperatura corporal. 

Pero todo valió la pena: la perrita se recuperó de a poco, finalmente recobrando su buen humor. Por supuesto que estaba agradecida, lo que no se contuvo de expresar.

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The News-Gazette contó esta dramática historia, que por suerte tuvo un final feliz. La próxima vez que creas que tu profesor es un debilucho con lentes incapaz de sobrevivir fuera del ambiente académico, recuerda a este valiente docente de Illinois.

 

 

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