Por Diego Aspillaga
28 febrero, 2020

Roo estaba a punto de ser sacrificado cuando Steve lo llevó a su casa luego de conectarse profundamente con él. Ambos se sentían perdidos e incomprendidos hasta que se conocieron, ahora tienen aventuras sobre ruedas todos los días.

La vida de Roo se acercaba a su fin.

El cachorrito de apenas 6 meses había pasado toda su vida en un refugio de animales y a pesar de ser amistoso, obediente y adorable, no lograba encontrar una familia. Todo porque no tenía patas delanteras.

ABC6 Chicago

Su defecto de nacimiento lo dejó relegado a una pequeña jaula, desde donde observaba con tristeza cómo otros perros lograban encontrar familias cariñosas en un abrir y cerrar de ojos.

El refugio que habitaba, por otro lado, ya no podía seguir manteniéndolo debido a todos los cuidados especiales que requería, por lo que la única opción que quedaba era la de sacrificarlo.

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Roo moriría sin saber lo que era el cariño de una familia, y el perrito parecía saberlo: estaba deprimido y derrotado por todas as dificultades que la vida le presentó.

Pero si bien todo indicaba que moriría solo, triste y abandonado, su destino tenía preparada una grata sorpresa.

Steve Jewel, de 28 años, vivía una situación similar. Luego de un accidente automovilístico que lo dejó en silla de ruedas para el resto de su vida, el hombre sabía perfectamente lo que era ser visto de forma diferente y sentirse menos que sus pares por no poder caminar.

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A pesar del gran apoyo familiar y de una actitud siempre positiva (“Al menos no morí”), Steve igual se sentía solo en un mundo que parecía no entender por lo que estaba pasando. Eso, hasta que se enteró del caso de Roo. 

Apenas supo que el perrito iba a ser sacrificado, fue al refugio de animales y adoptó al pequeño cachorro. Al verlo, sintió cómo su corazón se llenaba de amor y ternura. El perro era igual a él, tenía dos piernas menos y nadie lo entendía.

Esto era una señal, tenía que adoptarlo.

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“Él tiene una muy buena actitud. Está pasándolo muy bien siendo un perro normal. No se siente diferente y tiene a mucha gente que lo ama a su alrededor. Es como yo”, explicó Steve Jewel a la cadena televisiva ABC6 Chicago.

“Roo me ayuda a ver que todo está bien. Me entrega el amor que necesito durante todo el día, me da una razón para sonreír y seguir adelante”, agregó emocionado.

Desde entonces, mascota y dueño han sido inseparables. El padre de Steve construyó una silla de ruedas especial para Roo y ahora ruedan juntos a todas partes. Cada día es una nueva aventura para ellos, y cada vez se apoyan y quieren más.

Los vecinos, amigos y familiares de Steve ya habían adaptado su hogar para que pudiera funcionar perfectamente en silla de rueda, por lo que la habituación del pequeño perro fue fácil e inmediata.

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Ambos estaban perdidos y se sentían solos. Cuando se encontraron, se dieron cuenta de que la vida sigue, de que hay personas y animales qe están pasando por  lo mismo que ellos y que merecen tanto respeto, cariño y amor como todos los demás.

Sin duda, están hechos el uno para el otro. 

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