Por Alejandro Basulto
23 febrero, 2021

El can se encontraba a más de un metro de profundidad debajo del piso de su casa. Afortunadamente gracias a sus ladridos lo pudo encontrar.

Hace unos pocos días, el canadiense Wade Deisman se mudó desde Abbotsford a White Rock. Una zona rural de Canadá que ya conocía debido a que era dueño de un granja que visitaba de vez en cuando. Por esto mismo, suele no extrañarle los sonidos de animales cercanos. Entre toda la ganadería de su propiedad y la de los vecinos, claramente era de esperar tener un concierto de estos seres vivos cada día. Sin embargo, unos pequeños ladridos empezaron a preocuparle cuando se volvieron demasiado constantes. Al parecer se trataba de un cachorro y aunque revisó el jardín de sus vecinos, no logró ver al can.

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Pero pasaron dos días y seguía escuchando al perrito quejarse. Necesitaba hallar de dónde provenían esos tristes ladridos, por lo que decidió nuevamente salir a investigar, sin obtener otra vez una señal o idea de dónde podría estar localizado el animal.

Hasta que de repente se dio cuenta, que cuando él salió de su casa, los ladridos se silenciaron, mientras que cuando regresó, estos volvieron a escucharse.

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“Recuerdo haber pensado para mí mismo, Dios, los vecinos, incluso si tienen un cachorro, necesitan cuidar mejor al cachorro. El cachorro suena miserable (…) Decidí ser un poco más audaz en términos de mirar el jardín de mis vecinos. No podía ver un cachorro por ningún lado (…) Yo estaba como, oye, eso no viene de los vecinos… Eso sonaba como si en realidad viniera de mi casa (…) Eso es realmente extraño (…) Los escalofríos me atravesaron (…) Esta es una situación diferente a la que pensaba. De repente, pensé que este podría no ser un caso de un cachorro de al lado, este podría ser un caso de un perro atrapado”

– dijo Wade Deisman a Peace Arch News

El ambiente se tensó y este nuevo vecino de White Rock se arrastró debajo de su terraza para intentar dar con el can. Nuevamente sin éxito. Hasta que vio debajo del piso de su domicilio un pequeño pasadizo, por el cual intentó ingresar, sin encajar bien. Era muy angosto, pero lo suficientemente amplio para que pudiera pasar un perro, y al ponerse nervioso, tomó una pala y cavó durante 15 minutos. Casi se atasca y agarró una palanca, con la cual sacó una gran pieza de la cubierta, hasta lograr ver un profundo hoyo. Era un pozo. Pero aún no veía al can en aprietos.

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“Así que quité tres o cuatro [tablas] más. Y finalmente pude ver solo un poco de piel del perro, pero estaba bastante oscuro. Simplemente encendí la linterna de mi iPhone y miré hacia abajo y ahí estaba el perro (…) En este punto, honestamente, me sentía muy preocupado y asustado por el perro”

– expresó Wade Deisman

Su primera reacción fue tirarle un poco de pollo, para luego agarrar una sierra y cortar las vigas. Fue así como pudo sostener al animal, el cual no era un cachorro, sino que un terrier de pelo castaño. Revisó la placa que tenía y vio un número de identificación de la ciudad de White Rock. No había más información, pero eso le bastó para dar con sus dueños, Tim e Yvonne Everson. “Ambos rompieron a llorar. Tengo un par de fotos de Tim con la cabeza contra el perro. Simplemente acurrucándose justo en el momento en que se vieron por primera vez”, contó Wade, quien posteriormente le mostró el hoyo a los dos dueños de Callie, un cairn terrier de 10 años que posiblemente llegó hasta el pozo luego de huir de un mapache o tras perseguir a un animal.

43 horas estuvo perdido hasta que apareció este nuevo vecino en un debut triunfal en el barrio.

 

 

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