Por Constanza Suárez
7 diciembre, 2018

Tras dos operaciones ahora Squish puede agarrar la pelota con su boca y comer cosas duras. ¡Y además tiene un familia que lo ama!

Un perro estaba herido cuando el control de animales lo encontró en 2016. Lo llevaron a un refugio de animales en Cuyahoga.

Al llegar, la veterinaria del lugar lo revisó y dedujo que tenía alrededor de 4 meses. Tras realizarle exámenes vio que tenía una hinchazón severa y deformidades en el lado derecho de la cabeza y la mandíbula, lo que hizo que su cara se viera aplastada. Apenas podía abrir su mandíbula o poner la lengua entre los dientes, pero aún así trató de besar a todos.

El perro comenzó a mejorar, pero a medida que su cuerpo crecía, su rostro se hundía y su capacidad para abrir la mandíbula disminuía. Comenzó a perder peso y a los meses, se tomó la decisión de sacrificarlo para evitar más sufrimiento.

Danielle Boyd

El veterinario no quería que esto ocurriera, así que buscó una segunda opinión. Tras varios exámenes se dieron cuenta que tenía fracturas significativas en el cráneo y en la mandíbula superior derecha.

Aunque su ojo derecho estaba intacto, se había hundido detrás de los huesos aplastados destinados a sostener el ojo. Tenía una gran cantidad de tejido cicatricial alrededor de la mandíbula. El tejido cicatricial había impedido que su mandíbula creciera junto con su cuerpo, lo que hacía cada vez más difícil abrir la boca.

Los especialistas se estremecieron al darse cuenta de que, debido a la naturaleza específica de sus lesiones, el cachorro había sufrido una fuerza directa en la cabeza. No tuvo ningún otro trauma en su cuerpo, lo que llevó a los especialistas a concluir que sus lesiones fueron causadas intencionalmente por alguien que usaba un objeto contra su cabeza.

Pensaron que necesitaría cirugías extensivas de la mandíbula y un tratamiento continuo, pero incluso con eso, era incierto si recuperaría la función de su mandíbula para masticar.

Danielle Boyd

Encontrar a alguien que estuviera dispuesto a adoptarlo iba a ser difícil. Alguien que estuviese preparado para asumir el costo y el cuidado, con la continua incertidumbre sobre si sobreviviría. Lamentablemente, el refugio lo mantuvo en la lista de eutanasia.

Pero nunca regresó al refugio. La doctora Danielle Boyd trabajaba en el hospital y la doctora Conway le pidió que buscara un perro llamado Zar para un examen. Su mirada dulce la hipnotizó.

Esa noche decidió llevarlo a su casa, para darle un descanso de las jaulas. Al llegar, el tímido y suave cachorro se convirtió en lo que Boyd denominó un «tornado de cachorro vivo y respirando».

Danielle Boyd

Tan pronto como se acostaron esa noche, se fue derecho a dormir en los brazos de Danielle. La doctora no durmió pensando que esta era la última noche que Zar estaría durmiendo en los brazos de alguien.

Por la mañana, decidió que no podía dejar que el perro fuese sacrificado. Entonces Zar se convirtió en su Squish. El cirujano que evaluó a Squish cuando llegó a VCA, ideó un plan para darle al perrito un alivio inmediato. Pudo abrir la boca inmediatamente después de la cirugía. En agosto tuvo que someterse a otra operación.

Squish ahora puede recoger las pelotas de tenis que ama en lugar de simplemente saltar sobre ellas. «Lloré al ver su emoción cuando él recogió una pelota de tenis por primera vez, y eso fue solo el comienzo de sus pequeñas victorias», dijo Danielle.

Danielle Boyd

«Siempre estoy agradecido a todos los que lucharon por él y me permitieron ser tan afortunado de llamarlo mío», dijo Danielle a The Dodo.

El futuro que antes parecía tan sombrío para este cachorro de cara torcida ahora incluye comenzar las clases para convertirse en un perro de terapia certificado. «Él ama a los niños y quiero que los haga sonreír y mostrarles lo bien que él hace con sus discapacidades y que está bien ser diferente», explicó su dueña.

Danielle Boyd

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