Por Lucas Rodríguez
7 diciembre, 2020

La vida de los animales se impuso al placer de las personas en esta histórica ley. España marca el paso para el resto de los países y la protección de la vida salvaje.

De entre los temas más polémicos del mundo, de seguro que está el de la caza de animales. Las personas ya hemos llegado a un punto en nuestra existencia moderna, en la que podemos producir nuestra propia comida, lo que incluye la crianza de animales domésticos con el propósito de que terminen su vida sirviendo de alimento. A pesar de esto, en muchos sectores del planeta, aun es común escuchar de personas que practican la caza de animales salvajes. 

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Quienes la defienden, señalan sus relativos beneficios para el medioambiente, así como que en teoría, es algo más ético que la crianza en granjas. Que una persona cace un animal con el fin de procurarse carne para sí y su familia, puede ser defendido como algo más conveniente que tener a cientos de vacas o pollos viviendo en malas condiciones y malgastando los recursos del ambiente. El problema es cuando esto se extrapola a quienes realizan caza extensiva. 

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Por esto fue que España decidió ponerle fin a esta situación. Reforzando una legislatura que ya estaba en pie, el país europeo decidió que la caza de animales salvajes, tanto comercial como deportiva, quedaba prohibida en los parques nacionales:

“Es un avance, pues ahora se pueden recurrir todas las normativas aprobadas por debajo de la mesa para seguir manteniendo la caza”, señala este ambientalista, que incide en los impactos de la actividad cinegética en estas áreas protegidas, como la persecución y eliminación de predadores, los desequilibrios poblacionales, la fragmentación de hábitats o la contaminación por el plomo de los cartuchos.”

–Miguel Ángel Hernández, de Ecologistas en Acción, para El País

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Para que esta decisión no tenga costos tan desastrosos para quienes han invertido en la caza deportiva, la ley 30/2014 establece que quienes tengan cotos de casa o espacios privados, podrían solicitar un reembolso por el costo de estos desde el estado. En caso de que no persigan esto, o se nieguen a aceptar la normativa, sus espacios podrán ser simplemente expropiados. 

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Los defensores de la caza señalan que esto llevará a la pérdida del control de los números de depredadores y otros animales, lo que podría causar un desbalance en los hábitats naturales. Pero los defensores de la vida salvaje señalan que esto es una exageración: se pueden tomar medidas para controlar esto.

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Así mismo, es raro ver que un cazador que sale posando con las astas del ciervo que cazó, asegure que sea “para controlar la población”. A ratos, hay que simplemente ser honestos y aceptar la realidad, aunque te sea desfavorable. 

 

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