Por Lucas Rodríguez
7 febrero, 2020

No importa cuánto luchemos los seres humanos, la naturaleza siempre va a ser más poderosa que nosotros.

De las catástrofes con las que hemos tenido que lidiar como especie en los últimos meses, pocas han sido tan dolorosas de ver cómo los incendios en Australia. Las llamas consumieron zonas completas de bosque salvaje, llevándose con ellas a todos sus habitantes. Una cantidad enorme de koalas y otros ejemplos de especies nativas de Australia sufrieron muchísimo bajo esta catástrofe ambiental. Todos debemos asumir la culpa de que nuestro estilo de vida es lo que ha llevado al planeta a este punto: el calentamiento global es un fenómeno humano, pero cuyas consecuencias las están pagando criaturas que nunca van a llegar a entenderlo. 

Los esfuerzos por contener los incendios fueron enormes. Australia movió una cantidad de recursos y voluntarios enorme para tratar la crisis. Sus países vecinos y otras fundaciones sin fines de lucro hicieron todo lo posible para prestar una mano. Pero las llamas seguían. En los mejores días, fueron capaces de detener su crecimiento. En los peores, solo pudieron ver como el fuego crecía y se esparcía por todos lados, sin la más mínima muestra de compasión.

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Era (o más bien es, aun quedan focos de incendio activos) una batalla que los expertos sabían que no podrían ganar sin la ayuda de su aliado más poderoso. Desgraciadamente, este también es un aliado caprichoso, que solo hace su aparición cuando considera que es el momento correcto. Y ese momento lo define ella misma, no la voluntad ni las necesidades de las personas. Tuvo que llegar el cambio de estación, y con ello la temporada de lluvias, para que Australia encuentre el alivio que estaba buscando hace meses. 

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De los cerca de 60 focos de incendios que ardían sin control por el territorio de New South Wales, cerca de 20 fueron extinguidos por una seguidilla de lluvias continuas que cayeron sobre la isla de los kanguros y AC/DC, como detalló la BBC. El sector llevaba sufriendo de sequías constantes por años, situación que facilitó la aparición de los focos de incendio. Las lluvias no son la solución definitiva, pero al menos es un comienzo esperanzador para tratar con el fuego.

BBC

Debemos tomar la lección de la situación en Australia. El cambio climático ya está mostrando su peor cara. No es para mañana para cuando tenemos que planear, sino que para hoy. Si no lo hacemos, es probable que en los próximos años tengamos que tratar con catástrofes en varias partes del mundo al mismo tiempo. 

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