Por Antonio Rosselot
2 octubre, 2020

En 2016 esta perrita, bautizada como Quitrán, fue encontrada a las afueras de Antofagasta (Chile) por un padre y su hijo, quienes la sacaron rápidamente del pozo, la llevaron al veterinario y luego la adoptaron. Sin embargo, los locales dijeron que no era la primera vez que alguien se deshacía de sus mascotas en el alquitrán.

Hoy les traemos otro lamentable ejemplo de maltrato animal, el que a veces puede llegar a unos límites realmente imposibles de entender.

Los queremos llevar a 2016, y específicamente a las afueras de la ciudad de Antofagasta (Chile), donde Jhonny Alquinta padre y Jhonny Alquinta hijo se toparon con una inquietante escena.

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Padre e hijo estaban recorriendo las afueras de la ciudad en vehículo cuando se acercaron a un pozo de alquitrán y vieron que algo se movía tímidamente en la superficie.

El par se acercó y quedó horrorizado con lo que vio: lo que se movía era una perrita, que estaba desesperada tratando de mantener su cabeza afuera del pozo. Los Jhonnys la sacaron rápidamente antes de que se siguiera hundiendo: estaba cubierta de pies a cabeza con la sustancia oscura y pegajosa.

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El procedimiento no fue para nada fácil: usando el neumático de repuesto de su vehículo, rodearon a la perrita y aseguraron el perímetro alrededor de ella. En esos tensos momentos, ambos usaron todas sus fuerzas para sacarla justo antes de que fuese tarde.

Luego la llevaron de inmediato a un veterinario, donde la bañaron, le quitaron el alquitrán y le hicieron una serie de exámenes y chequeos médicos.

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Los cuidadores pasaron horas de horas cepillando su cuerpo para quitarle todo rastro de alquitrán; si bien la pudieron limpiar, su piel quedó inflamada e infectada por el efecto del alquitrán. Además, absorbió una serie de químicos que comprometieron su hígado y riñón, por lo que estuvo unos cuantos días con antibióticos de amplio espectro mientras luchaba por su vida.

Por fortuna, Alquitrán —o Quitrán, como fue bautizada—se recuperó satisfactoriamente y fue adoptada por la familia Alquinta, que se encargó de darle todo el cariño del mundo.

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Sin embargo, los locales señalaron que esto ha ocurrido en más de una ocasión y se han encontrado unos cuantos cadáveres y osamentas de perros en la piscina de alquitrán, lo que indica que sus dueños la usan para esos propósitos.

Esperamos de corazón que la historia de Quitrán sirva para crear consciencia sobre estas espantosas prácticas, y evitar que sigan ocurriendo.

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