Por Macarena Faunes
6 noviembre, 2019

El perrito fue hasta él con su plato de comida en la boca. Estaba destinado a morir de hambre, pero este ángel lo salvó.

A veces, no tenemos nada material para ofrecerle a alguien. El dinero se fue, los lujos desaparecieron y la billetera está vacía. Lo que sí está lleno es el corazón. Podemos entregar algo más simbólico: nuestra ayuda y compañía. Esta sí que es una gran lección. 

Un mendigo ruega en las calles por comida para él y un perrito callejero que se volvió su mejor amigo. Ambos sufren la indiferencia de las personas que pasan por el lugar y que los miran con desprecio. Pero él tenía un bocadillo guardado y se lo dio al can para saciar su hambre. Se compadeció de él.

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El perro recorrió las calles buscando a alguien que lo alimentara, pero nadie lo hizo. Llegó con su plato de metal en la boca hasta esta persona de escasos recursos. Estaba comiendo una sopa de fideos. No dudó ni por un segundo y le dio su merienda. En apenas unos instantes, formaron un círculo inquebrantable, aseguró el sitio Wapa.

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Se trata de un asiático en situación de calle. Su ropa estaba sucia y rasgada. Come en la calle porque no tiene otro lugar dónde ir. Eso no importa. El tamaño de su corazón es tan grande que las carencias materiales pasan a un segundo plano.

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El peludo fue por varios sectores de un ciudad de Asia esperando la compasión y piedad de los transeúntes. Dejaba el recipiente en el suelo, con la esperanza de que le colocaran un trozo de comida. Pero nadie lo hizo. Estaba resignado a morir de hambre.

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Pero Dios puso a este angelito en su camino, quien le dio una nueva oportunidad de vivir. Con caricias y besos le agradeció a su humano haberse fijado en él. Más que saciar su deseo de comer, llenó otro vacío que tenía, el de su alma. Ya no estarán solos. Se tienen entre ellos. 

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En una sociedad tan individualista como en la que vivimos, es extraño ver a personas ayudando a seres indefensos. Este mendigo nos dejó una gran lección: generar empatía con los demás.

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