Por Alejandro Basulto
5 noviembre, 2019

Decenas de miles de hormigas obreras, sin una reina, se vieron a obligadas a vivir en una especie de «prisión» sin comida, luz ni calor.

En Polonia, en el búnker de Templevo, hay miles de hormigas obreras viviendo en una verdadera cárcel, a la cual llegaron tras resbalarse en una tubería de ventilación que está a ras de suelo. Con temperaturas muy bajas, ausencia de luz solar y la total falta de comida, estas esforzadas y perseverantes trabajadoras del mundo animal han logrado vivir durante años en este inhóspito espacio, a pesar de todas las carencias.  Y su nuevo nombre da una pista de cómo lograron sobrevivir como colonia. Las «hormigas caníbales».

Wojciech Stephan (Journal of Hymenoptera Research)

Que originalmente eran un grupo de la especie de las hormigas de la madera (Formica polyctena), que habitaban en una colonia cercana al búnker. La mala suerte jugó en su contra, para beneficio de un equipo de científicos que durante todo ese tiempo las investigaron, para proceder recientemente a liberarlas. Ellos en el 2016 publicaron su primer estudio, que pudo leerse en ese entonces en la página Gizmodo.

Wojciech Stephan (Journal of Hymenoptera Research)

«Las hormigas proceden de una colonia perfectamente normal situada varios metros por encima del búnker, en un bosque de pinos. El hormiguero, un gigantesco montículo de tierra, está situado junto a una tubería de ventilación a ras de suelo que desemboca en el búnker más abajo. Cada día, un puñado de desafortunados trabajadores de la colonia trata de aventurarse en las resbaladizas paredes del tubo y termina cayendo en sus profundidades. Una vez uno de los insectos da ese fatídico paso en falso ya no hay manera de volver a la superficie.

Abajo, en la oscuridad, el suelo está sembrado de cadáveres de hormigas que han sucumbido a las difíciles condiciones de su prisión (las temperaturas del búnker oscilan entre los 10 grados en verano y apenas un par de grados sobre cero en invierno). Sin embargo, la cantidad de hormigas que caen en este infierno compensa a las que mueren, y la colonia se ha mantenido estable»

– decía en aquella publicación hace tres años.

Wojciech Stephan (Journal of Hymenoptera Research)

Los entomólogos realmente le han sacado provecho todos estos años a esta colonia de hormigas presidarias. Llevándose su primera sorpresa cuando supieron de qué se alimentaban. Debido a que ellos suponían que comían ácaros o el guano de los murciélagos que también viven en el búnker, pera la verdad de seguro les hizo pegar un salto. Ya que estos insectos sobrevivieron gracias al canibalismo, no comiendo a otras hormigas obreras vivas, sino que cuando una muere por las duras condiciones de vida en el lugar que habitan, el resto se abalanza encima para devorar los partes comestibles de su cuerpo.

Pixabay

Finalmente, el paso final de su experimento era liberarlas y saber cómo se comportarían con su antigua colonia. Y con un listón de madera les dieron el paso al aire libre. Pero la llegada de las prisioneras del búnker a su hormiguero original, no resultó ser tan asombrosa. Porque ni las hormigas caníbales ni sus hermanas de nido mostraron signos de violencia. Como si fuera un reencuentro familiar. Esta investigación se publicó en Journal of Hymenoptera Research, y cuatro meses después, las hormigas siguen cayendo en el búnker, con la diferencia que ahora pueden salir de ese lugar, que en la actualidad es un cementerio de muchos de estos insectos que fueron devorados por sus hermanas tras morir.

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