Por Vicente Quijada
10 agosto, 2018

En el registro se puede ver como el pobre animal va de un lado para otro, siguiendo a una niña.

¿Se imaginan estar comiendo mientras una leona se pasea de acá para allá, a sólo unos metros de ti? Eso era una realidad en el café MevZoo, en el distrito de Beykoz, Estambul. Sin embargo -y como debe ser- diversas organizaciones animalistas se opusieron a dicho maltrato e iniciaron una campaña para “salvar a Khalessi” -sí, como la reina de los dragones-, la pobre leona que vivía en dicha vitrina y se alimentaba mediante un agujero de cristal en una de las esquinas del angosto pasillo.

Es más, en las redes sociales del recinto se podía ver cómo el animal era constantemente estresado y obligado a interactuar con infantes, como esta pequeña que corría de un lado para otra para que la leona le siguiera. Claro, la niña no tiene la culpa, ni sus padres, si no que los dueños que expusieron a un animal de su categoría a una situación así. 

“En mitad de Estambul, la humillación” lanzaba Oytun Okan Senel, el presidente de la Cámara turca de Cirujanos Veterinarios, mientras un sinfín de voces se levantaban en protesta para cerrar dicho lugar. En esa misma línea, un usuario creo una causa en Change.org para reunir firmas, recogiendo -hasta hoy- más de 17 mil en favor de la malograda Khalessi. 

Aún así, en un principio las autoridades del Ministerio de Bosques y Gestión de Aguas acudieron al lugar y lo dejaron seguir funcionando, ya que estaba todo “dentro de la norma” y sólo pidieron que la leona fuera sacada de dicha vitrina. Empero, la HAYTAP -federación turca por los derechos de los animales- denunció el hecho, metiéndole más presión a la entidad gubernamental, que finalmente decidió retirar la licencia y cerrar de una vez por todas el recinto, el 6 de julio. “El permiso de la cafetería con una leona ha sido cancelado. La oficina del gobernador de Estambul entregó hoy a la compañía el aviso oficial para cerrar el café, después de la implicación sensata del Ministerio Forestal”, anunciaba la ONG días después.

Para más remate, en el lugar también cohabitaban con los clientes otras especies, como aves exóticas, cocodrilos y hasta caballos. Claro, en la noche dormían en unas jaulas debajo del lugar, que hasta entonces contaba con una licencia para ser un “zoológico y centro de rehabilitación”. El dueño, quien incluso amenazó a los activistas en un medio local, quería hacer un local “más lujoso, al mezclarlo con el zoológico”. 

Sin embargo, olvidó algo muy importante: los animales son seres vivos, no objetos de decoración. 

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