Por Moisés Valenzuela
1 octubre, 2018

El culpable, después de terminar su travesura, tomó una siesta.

John Pennington confiaba plenamente en la reja que había comprado para su cachorro de diez meses. Por eso, mientras trabajaba, estaba tranquilo pensando que el pequeño no lograría entrar a la cocina. Pero lo subestimó.

El mayor error de John, sin embargo, no fue confiar en las barreras, sino dejar un tarro de pintura detrás de la nevera y creer que Hulk no sería capaz de abrirlo. Cuando regresó de su trabajo, su sorpresa fue grande: ¡Había saltado la reja, abrió la pintura y decoró toda la cocina con huellas blancas! 

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Los dibujos de Hulk estaban sobre todos los muebles. Nadie puede explicar cómo llegó a caminar por todas partes, pero lo cierto es que no quedó ninguna parte de la cocina sin patas blancas.

Cuando John descubrió el caos que había armado su perro, él lo esperaba durmiendo. Al sentir que su dueño había vuelto, sin mostrar arrepentimiento sólo lo miraba meneando la cola. No sintió ni una pizca de culpa. 

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“Me sorprendió. Estaba realmente molesto, pero al mismo tiempo es muy gracioso. Estaba más impresionado y me reí. No podría estar enojado. Pensaba ‘Dios mío, ¿realmente ha hecho esto?'”, dijo el hombre.

Afortunadamente, John pudo sacar la pintura del pelaje de Hulk después de varios baños. Sin embargo, el verdadero trabajo lo esperaba en la cocina, donde estuvo más de siete horas para lograr limpiar completamente la habitación. 

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